Antagonistas: El monstruo y los arquetipos del terror

Hoy vamos a hablar de figuras recurrentes dentro del género de terror, en concreto, de los villanos o los antagonistas más habituales. Aunque el análisis está centrado en el terror, los arquetipos trascienden las imprecisas fronteras de los géneros literarios con mucha facilidad, y por eso creo que este artículo puede resultarte útil incluso si no eres un apasionado de las criptas polvorientas, las casas encantadas y las criaturas que se refugian debajo de tu cama por las noches.

¿Qué son los arquetipos?

Quizá fue Frazer uno de los primeros en aplicar el término “arquetipo” a la literatura, pero fue el psicólogo Carl Jung el que llevó esta noción a otro nivel. Jung creía que la mente humana comparte una conciencia colectiva, una suerte de memoria universal. En este sentido, un arquetipo es un conjunto de imágenes o ideas originales (quizá innatas, según Jung, quizá heredadas a través de las tradiciones y el folclore, añado yo) sobre las que se basan otras ideas posteriores. Un arquetipo puede ser un tipo de personaje, una parte del argumento, una imagen o, como en este caso, una fuerza antagonista.

Es preciso distinguir entre arquetipo y estereotipo puesto que el estereotipo tiene connotaciones negativas, en tanto el arquetipo no es más que la personificación de una serie de conceptos o rasgos universales. De acuerdo con esta definición, el “héroe” sería un arquetipo, en tanto el “héroe de acción” (el típico personaje con cualidades de lucha sobrehumanas) o el “héroe byroniano” (orgulloso, cínico y atormentado) serían estereotipos.

Podemos diferenciar entre tres categorías de arquetipos:

Los de situación (la búsqueda, la tarea, la iniciación, etc.)

Los simbólicos (luz contra oscuridad, fuego y hielo, etc.)

Los de personaje, que son los que trataremos a continuación.

La clasificación de Stephen King de los arquetipos del terror en Danse Macabre sin duda ha sido muy influyente, pero no es particularmente exhaustiva. De hecho, aunque King afirma que existen otros arquetipos, se limita a describir tres de ellos: El vampiro, el hombre lobo y la cosa (al que luego tentativamente añade un cuarto). En este apartado, intentaremos abordarlos  y complementarlos con otros nuevos. Algunos se solapan entre sí, como es natural: por ejemplo, la criatura de Frankenstein es el doble oscuro de su creador, como el doppelgänger, pero al mismo tiempo representa al horror sin nombre. Todas las interpretaciones en este sentido son subjetivas.

El vampiro / el psicópata

De todos los arquetipos antagonistas del terror, quizá el vampiro sea la figura más poderosa y rica en matices, y por eso ha sufrido varias transformaciones a lo largo de su historia: desde su hogar primigenio en las leyendas de medio mundo hasta su transformación en figura erótica a través de Anne Rice, Poppy Z. Brite o Stephenie Meyer.

El vampiro es una criatura que habita entre los hombres y que sobrevive alimentándose de su esencia vital; en la mayor parte de los casos de su sangre. Otra de sus características principales es la mímesis. El vampiro puede pasar por un humano, se confunde con ellos. Al fin y al cabo esta mimetización es para él una necesidad ya que los humanos son su fuente de sustento. El vampiro es un parásito social, una sanguijuela que sigue los parámetros y normas de su entorno para más tarde, guarecido por las sombras, vulnerarlos.

Muchos personajes caracterizados externamente como asesinos psicópatas podrían considerarse, en el fondo, representaciones internas del arquetipo del vampiro. La caza, la búsqueda de la víctima perfecta, es un placer compartido por ambos. Como el chupasangre, el psicópata también se esconde bajo una máscara de humanidad, tras la cual, en privado, da rienda suelta a sus más bajos instintos. El vampiro, como el psicópata, puede ser cualquiera: tu pareja, tu hermano, tu vecino o el cartero. Desde los tiempos de Polidori y de Stoker, el psicópata, como el vampiro, ha aprendido a ser encantador y magnético cuando así lo ha deseado. La máscara, por tanto, es una parte fundamental de este arquetipo.

La asociación entre vampiro y psicópata puede extenderse aún más. Una de las características menos explotadas del arquetipo del vampiro es esa especie de trastorno obsesivo compulsivo: la necesidad de ser invitado a una casa, la imposibilidad de cruzar los cursos de agua o la aritmomanía, la imperiosa obligación de contar semillas o granos de arroz. Esto es común también en los psicópatas, con sus pequeñas obsesiones y su manía de coleccionar objetos de cada una de sus víctimas.

La dominación que ejerce el vampiro no es solo física, a través de la sangre: también es mental. Drácula intenta mesmerizar y controlar a la mayor parte de los personajes de la novela. Historias de psicópatas, como El Silencio de los Corderos o Seven son, en el fondo, historias de vampiros: el psicópata entrando en la cabeza del detective, averiguando sus secretos, dominándolo. Hannibal Lecter es un trasunto del Drácula de Stoker: un intelectual sofisticado que esconde una execrable filia carnal. En ambos caso, el canibalismo.

 

El hombre lobo / Jekyll y Hyde

Resulta curioso que, de todos los animales posibles (muchos de los cuales han sido ampliamente representados en el folclore de muchas culturas muy diversas), sea el lobo el más emblemático de la teriantropía. Quizá es porque el lobo es como un reflejo del perro, el opuesto salvaje y no domesticado, peligroso y hambriento durante los largos y duros inviernos, y por tanto actúa como un símbolo de los secretos ferales que esconde la mente de los hombres.

En tanto el vampiro es una amenaza externa (aunque existan muchas novelas protagonizadas por vampiros), el hombre lobo es un arquetipo que se revela internamente, y que crece y afecta al núcleo de una persona, a su psique. Es el proceso de la transformación lo que aterroriza, la pérdida de control sobre uno mismo, la incapacidad de resistirse a los deseos más atávicos, a la parte “reptiliana” del cerebro.

En definitiva, el arquetipo del hombre lobo representa la pérdida de humanidad, la vuelta a un estado de irresponsabilidad animal. El licántropo es el maltratador, el hombre que golpea vilmente a su mujer cuando bebe y a la mañana siguiente vuelve contrito a pedir disculpas. Es el acceso de furia, de rabia incontrolable, el soldado enajenado por la sed de sangre. Es, por supuesto, también Mr. Hyde, la cara oscura de la sociedad victoriana, una criatura que se abandona a la lujuria y a la agresividad.

El doppelgänger / el doble

Muy vinculado a la teriantropía, el arquetipo del doble hace referencia también a nuestra mitad oscura, en este caso desdoblada en un individuo idéntico a nosotros, pero transformado, variado o invertido. De la idea del doppelgänger provienen también las propiedades mágicas de los reflejos de un espejo, los universos paralelos, y el tópico del “gemelo malvado”, una dualidad con connotaciones mitológicas.

El origen de un doppelgänger puede ser natural o sobrenatural, corpóreo o espiritual. El changeling, esa criatura feérica que se hace pasar por un bebé humano, es uno de los ejemplos más claros del arquetipo, pero también el fantasma ¿o acaso no es en muchas ocasiones el alma de un muerto una réplica desolada y vengativa de un hombre vivo? Incluso nuestros queridos zombis, réplicas de carne humana reducidos a una boca hambrienta, pura voracidad.

Además de estos casos, existen numerosos ejemplos de dobles en la literatura. El doppelgänger fue una figura frecuente en las narraciones góticas: tanto Percy Shelley con su Prometeo desatado, como Lord Byron o el mismo Edgar Allan Poe en su relato William Wilson, exploraron en detalle este arquetipo. De hecho, hasta el propio monstruo de Frankenstein, como decíamos anteriormente, puede concebirse como una copia oscura de su creador.

Hay ejemplos más recientes, por supuesto. La invasión de los ladrones de cuerpos o el personaje de Tyler Durden en El club de la lucha de Chuck Palahniuk, representan también con bastante fidelidad el concepto de doppelgänger.

La criatura de Frankenstein / La cosa sin nombre

Nuestro mundo, y el Universo en su conjunto, están lleno de misterios insondables. A veces nos topamos con lo inexplicable por casualidad, o a veces lo inexplicable viene a buscarnos. La novela de Frankenstein es un ejemplo perfecto de ello. Victor Frankenstein utiliza métodos científicos, racionales, y sin embargo acaba construyendo un monstruo de pesadilla, una criatura formada por restos de cadáveres. Lo más horripilante de todo es que el ser no está exento de humanidad; quizá, para encontrar al verdadero monstruo del libro, es necesario volver la vista a su creador.

La criatura es una abominación que nunca tuvo que haber visto la luz; es lo incomprensible, lo inenarrable, lo que no tiene explicación y, por tanto, supone una aberración y una alteración del orden establecido. Las divinidades preternaturales de H. P. Lovecraft también tendrían cabida aquí, así como toda suerte de razas alienígenas (el xenomorfo de Alien o el bicho de La cosa, de John Carpenter). Lo mismo ocurre con todas esas historias de robots asesinos que se vuelven contra sus creadores.

Las “cosas sin nombre” nos obligan a plantearnos cuánto sabemos de nuestro propio mundo, si la tecnología y la ciencia pueden resolverlo todo o siquiera si ocultan una cara oscura. Nos hablan de aquello que no comprendemos todavía y que, por tanto, nos aterroriza. Por esta razón, el arquetipo también casa con bastante facilidad con la ciencia ficción, creándose un género híbrido que ha sido cultivado con bastante soltura por autores como G. R. R. Martin.

El fantasma / El muerto vengativo / El espíritu agradecido

Junto con el vampiro, quizá el arquetipo más rico y complejo de todos sea el del fantasma, el espectro del Más Allá que, o bien no ha abandonado este mundo del todo, o bien ha decidido volver para cumplir o ayudar con determinada tarea o empresa. El fantasma esconde tras su rostro los misterios de la muerte, nos obliga a contemplarla a los ojos y al mismo tiempo nos fuerza a enfrentarnos con la oscuridad de nuestro pasado.

El fantasma es una figura polivalente. Puede ser, como lo describía el cineasta Guillermo del Toro, un fragmento de vida condensado, como una cinta rota que reproduce una y otra vez un momento en el tiempo. También puede tratarse de un aliado que acude al mundo para transmitir una advertencia o dar consejo al héroe y, por lo tanto, ser una fuente de iluminación. Por último, el fantasma puede ser un agente del caos o del orden.

Uno de los motivos reiterados del fantasma es un modelo de historia que se conoce como “la muerte agradecida” o “the grateful dead”. En ella, el espíritu vaga por el mundo hasta que un personaje le ofrece digna sepultura y este lo retribuye de algún modo. En otras ocasiones, el fantasma es un espíritu vengativo que retorna de entre los muertos para impartir justicia, devolviendo el equilibrio al mundo. O al menos su equilibrio, que no es lo mismo que asumir que todos los fantasmas persiguen nuestra idea de justicia. Pensemos en Freddy Krueger de Pesadilla en Elm Street, un espíritu que busca retribución por un crimen (su muerte a manos de los padres de los niños que él mismo había asesinado) a costa de eliminar uno a uno a sus hijos adolescentes.

La idea de la justicia en el mundo de los muertos es una constante a lo largo de la historia. Cielo e Infierno, dioses que pesan el alma en una balanza y juicios de diverso tipo son algunas de las ideas que se asocian comúnmente al inframundo. Es quizá, a consecuencia de esto, por lo que subsisten tales ecos en el arquetipo del fantasma.

El embaucador / El “trickster”

El embaucador es una figura común en los mitos de diferentes culturas, aunque quizá la divinidad que mejor expresa su naturaleza sea Loki, el dios nórdico “origen de todo fraude”. También forma parte de los arquetipos descritos explícitamente por Jung. No es una criatura malvada per se, aunque es capaz de cometer terribles atrocidades con la más absoluta despreocupación. También se caracteriza por tener un humor impredecible y porque su parte pasional domina por completo a su parte racional.

Dentro del género de terror encontramos ejemplos de embaucadores con mucha frecuencia entre los duendes y otros seres feéricos, en los poltergeists (a menudo violentos y aleatorios) y en películas de “criaturas”, las cuales fueron muy populares entre los años ochenta y principios de los noventa, como los gremlins o los critters.

Aunque el embaucador por excelencia es el demonio: la criatura que a menudo ofrece pactos que ocultan trampas que acaban perjudicando a aquel que se atreve a entrar en tratos con él (también en los djinns, los genios de las tradiciones orientales, que suelen comportarse del mismo modo). Aunque resulta difícil argumentar que el demonio no sea malvado (como se alega del trickster), su naturaleza traicionera bien le merece un puesto de honor en este apartado.

¿Y tú? ¿Estás de acuerdo con esta clasificación? Se te ocurren otros arquetipos recurrentes dentro del género de terror que no encajen entre los descritos arriba? Nos leemos en los comentarios.

Imágenes 1, 2, 3 y 5 © Universal Pictures.

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4 comentarios

  1. Qué bueno Víctor. ¿Que qué falta? Lo veo muy completo, quizás… ¿no hay ninguna representación de diablo? No el diablo religioso, sino el mal como concepto, un mal supremo y sobrenatural. Bueno, quizás el fantasma, ¿no? A mí los libros que más me han aterrorizado son aquellos que contienen un antagonista que no se encarna en un personaje, que no sabes de dónde viene, una fuerza sobrenatural demoníaca… Recuerdo uno que leí de pequeña, Terror en Amytiville (o algo así), supuestamente basada en hechos reales, y creo que es la única que consiguió quitarme el sueño. La casa tiene algo que hace que enloquezcan, algo que no ven y que, por tanto, no saben cómo parar. No sé qué arquetipo podría ser, ¿el diablo?

    1. El mal como concepto ¡pues no lo había pensado! Quizá sea el que se esconda detrás de cada uno de estos arquetipos, que en el fondo solo son máscaras de ese mal que mencionas. Pennywise en IT, por ejemplo, o la casa encantada, lugares malditos…
      Tomo buena nota 😉
      ¡Un abrazo!

  2. Es muy curioso como el sicópata encaja con el arquetipo del vampiro, pero también con el de hombre lobo, como la historia ha dejado patente, tanto en casos como el de el vampiro de Düsseldorf como en el de Romasanta, el primer asesino en serie español del que se tiene registro.

    Cierto es que habría que introducir el matiz de que este hombre lobo es consciente de sus actos y controla sus cambios a voluntad, disfrutando de su naturaleza sanguinaria.

    Muy interesante la clasificación.

    Saludos.

    1. ¡Muchas gracias! Sí, estoy de acuerdo. La versión contemporánea del vampiro se me antoja un psicópata más cerebral, y el hombre lobo un tipo de asesino más impulsivo, visceral. Cuanto más rico es un arquetipo, más capas de lectura e interpretaciones se le pueden atribuir. El terror, para este tipo de análisis, es el género estrella.

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