Cinco consejos básicos para escribir buenos diálogos (y cuándo hay que saltárselos)

Irvine-Welsh

Retomo la actividad del blog después de las vacaciones para tratar un tema fundamental para los escritores de ficción. Porque, ¿quién no ha sufrido reescribiendo una escena de diálogo una y otra vez sin quedar satisfecho del todo?

Los diálogos son complejos, aunque hay autores que parecen tener un talento natural. En las entrevistas, admiten que les gusta escribir diálogos y son capaces de hacer hablar a cada personaje con una voz distintiva. En cambio hay muchos otros autores que los evitan siempre que pueden, pues les cuesta mucho esfuerzo lograr que queden naturales.

A este último grupo lo entiendo muy bien, porque se me ocurren pocas cosas que puedan destrozar una novela o un relato más rápido que un diálogo mal escrito. Os pongo un ejemplo —clarísimo, a mi parecer— de un diálogo mal llevado:

 

“—Me gusta este chef —dice Stacie mientras él se marcha—, debe ser ese inescrutable porte oriental. Es como muy chuli. ¿A ti qué te parece, Kennie?
Kendra está soñando despierta. Se pregunta si el rico promotor inmobiliario (de nombre Clint) la va a llamar.
—¿El qué?
—Da igual—, canturrea Stacie con gesto cansino antes de cambiar de tema—. ¿Qué sabes de Karla?
—Me niego a creer que las mismas fuentes de esperma y óvulos que me produjeron a mí suministraran la materia prima para fabricarla a ella —despotrica Kendra, consciente de que el Xanax que se ha metido en el servicio quizá esté dándole nuevos bríos—. Encima del culo lleva uno de esos tatuajes cutres y demodés que a ella le parecen megapunk. Parece una puta de crack. Y tiene que pesar más de sesenta kilos fijo.
—¡Puaj! —se estremece Stephanie, antes de añadir con gesto consternado— ¿Está deprimida o algo?”

Irvine Welsh, Si te gustó la escuela, te encantará el trabajo

 

Y así sigue la cosa durante varias páginas.

Con esto no quiero decir que Irvine Welsh sea un mal escritor. Hace bastantes años leí Trainspotting y me pareció grandioso. Luego se lo presté a alguien, y acabó perdido en una fiesta de una casa okupa (un final de lo más apropiado). Sin embargo, esta antología de relatos no me ha impresionado, y no sé si debe al escritor, al traductor, o a que a mí se me ha escapado algo. Quizá el texto pretende ser gracioso, pero conmigo no ha funcionado.

¿Por qué escribir diálogos es tan difícil?

Si algo nos cuesta trabajo, es siempre interesante analizar por qué. Escribir diálogos es difícil porque las conversaciones en una novela no reproducen con exactitud el lenguaje natural, del mismo modo que tampoco lo hacen los diálogos de una película o de una obra de teatro.

De lo contrario, no habría más que conectar la grabadora y transmitir con fidelidad las pausas («») las inflexiones («graznó Raul»), las muletillas («hum», «no sé», «o sea») y las palabras («bueno, en fin, no sé, la verdad es que si lo piensas pues puede ser»). 

Pero no.

Un diálogo debe de funcionar dentro de la página, no fuera. Tiene que sonar natural sin serlo. No vale con afinar el oído, también hay que ser capaz de destilar una conversación y convertirla en material literario. 

Por eso, aunque es un buen consejo leer los diálogos en voz alta para detectar ciertos problemas, eso no significa que tengan que sonar como dos personas hablando en la vida real.

En este artículo voy a compartir cinco consejos muy frecuentes sobre escritura de diálogos para autores noveles. Son todos muy sencillos en teoría, pero bastante complicados de evitar en la práctica. Eso sí, todos tienen una razón de ser, y aunque decidamos saltarnos estos consejos un millón de veces, creo que viene bien saber que existen y recordarlos de vez en cuando.

Vamos allá:

1# Los diálogos deben aportar información

 

Los diálogos no son un mero respiro para el lector; son otra forma de avanzar en la historia y transmitir información. Decidir qué partes deben dialogarse y cuáles deben describirse es complicado y entra en juego la habilidad de cada cual, pero a la hora de revisar un diálogo el escritor debe preguntarse: ¿Qué es lo que he querido contar aquí?

Hay ciertas ocasiones en las que el contenido de un diálogo debe describirse en lugar de “dialogarse”, pues aunque el lector puede extraer  información de cualquier intercambio —siempre hay algo—, no es suficiente para justificar su inclusión en el relato.

2# La mejor palabra para acompañar un diálogo es «dijo»

 
No «susurró». No «exhortó». No «recalcó». No «gritó». 

¿Y por qué? Porque «dijo» es un verbo invisible. El lector está tan acostumbrado a verlo que, salvo en casos extremos, su abuso no resulta cansino. Pasa lo mismo con el verbo «preguntar», quizá también con «exclamar» o «responder», cosas así. Pero ya está. Todos los demás verbos fuerzan al lector a prestar atención a la palabra que estamos usando.

 

Quizá sea esa la idea, podemos pensar. Definitivamente hay algunos verbos que clarifican la escena («susurrar» y «gritar», por ejemplo). Pero incluso estas palabras rompen el ritmo de un buen diálogo. Y también hay algunas otras que son una manifestación palmaria de la pereza del escritor. Como estas:

“—Voy a matarte —amenazó Javi.”

“—No hagas eso —gruñó Pedro.”

Si el diálogo «voy a matarte» no se explica por sí mismo, entonces el escritor tiene un problema grave. 

Y, por otro lado, prueba a hablar gruñendo. Intenta decir cualquier cosa. De hecho, intenta gruñir

¿Ves? Suena ridículo, porque no eres un perro.

En estos casos las palabras pronunciadas por los personajes, el contexto, la escena y otros detalles que el escritor puede introducir en ella deberían ser suficientes para deducir el tono en cada una de las intervenciones de una conversación.

3# No abuses de los signos de exclamación e interrogación

¿Y por qué? Por la misma razón por la que debes usar «dijo» siempre que sea posible. La intensidad de un diálogo no debería de forzarse a través de signos de exclamación. El peso ha de recaer en las palabras. Si no, lo que estás intentando hacer es darle fuerza a un mal diálogo, y es algo que no suele funcionar bien. 

La solución no es añadir signos de exclamación, es cambiar el diálogo.
Los signos de interrogación también pueden ser peligrosos. Resultan imprescindibles para marcar preguntas, pero si tus diálogos están salpicados de ellos, puede estar pasando una de estas dos cosas:

  • Estás utilizando los diálogos para explicar un montón de datos y circunstancias que no has sabido transmitir de forma natural a lo largo de la historia (algo que en inglés llaman infodump).
  •  Tus diálogos corren el peligro de volverse repetitivos, como si formaran parte de una entrevista.

4# Aprende a diferenciar a tus personajes a través de su forma de hablar

Queremos que nuestros personajes sean distintos, diferenciables. Que cada uno tenga su carácter particular. Esto a veces puede resultar complicado, sobre todo si nos hemos molestado en crear personajes realistas y no estereotipos. 

Un personaje estereotípico hablará mediante clichés, por supuesto, lo cual es muy cómodo para el escritor y muy incómodo para el lector.

Entonces ¿cómo caracterizar a los personajes?

A través del vocabulario: Cada persona tiene un rango lingüístico distinto. Hay quien utiliza quinientas palabras en circunstancias normales, y hay quien usa muchas más. No es solo una cuestión cultural; también puede usarse argot, vulgarismos, variantes regionales y un millón de elementos más (incluso muletillas). Si el escritor es coherente con su uso, resultará sencillo diferenciar a los personajes.

A través de su estilo: No es solo lo que el personaje dice, también es cómo lo dice. La agresividad, la calma, la longitud de las frases y la forma en la que reacciona ante cada una de las situaciones que se le presentan. Todo esto ayuda a definir a un personaje a través del diálogo.

5# Trata de dejar a dos personajes solos antes de iniciar un diálogo

No sé dónde lo leí, pero me pareció interesante. Decía que la mayor parte del tiempo, uno de los mayores problemas que tenía un novelista era lograr que dos personajes se quedasen solos solos para mantener una conversación.

Esto se basa en la idea de que la mayor parte de los diálogos deben de ser un intercambio de palabras entre dos personas. Solo dos porque todo diálogo es un conflicto y la mayor parte de los conflictos pueden resolverse con dos puntos de vista. 

Pensarás que es una estupidez, pero si te fijas al leer cualquier novela, te darás cuenta de que la mayoría de las escenas de diálogo se producen entre dos personas, y no más.

Se puede manejar a más de dos personajes en una conversación, por supuesto, pero es complicado y muchas veces innecesario. Lo que hay que entrenar es la habilidad para dejar a dos personajes solos de una forma natural. Ahí es nada.

Cómo usar estos consejos

¿Son rígidos estos consejos? En absoluto. Son solo eso, consejos. Eso sí, son bastante comunes, así que al menos merece la pena saber que existen. Con esto, como con cualquier otra recomendación para escritores que podamos encontrar en cualquier parte —y este blog no es ninguna excepción—, debemos hacer tres cosas. Leerlo. Ver si nos sirve. Y, si nos sirve, usarlo.

A veces parece que un escritor tiene que andar con pies de plomo, y que la buena literatura está llena de decálogos y de normas que han de respetarse si uno quiere llegar a escribir bien (sea lo que diablos sea eso), y no es así en absoluto. Si quieres que uno de tus personajes «grazne» una respuesta, adelante. 

Pero eso sí, si sigue graznando unas cuantas líneas más tarde, entenderás que yo piense que tu personaje es un cuervo.

Te pongo un ejemplo de un diálogo que me parece efectivo y me gusta, pero que en cierto modo se salta  algunos de los consejos que comentamos en este artículo: 

“—Te debo una disculpa —me dijo sin mirarme.
—Ya lo creo.
—No tendría que haber hecho lo que hice. Perdóname.
—Oye, en serio, no quiero hablar de eso ¿entiendes? No me apetece darle vueltas al hecho de que te acostases con mi mujer.
—No estabais casados. Quiero decir… ¡Joder, Hank! ¡Mierda! De eso hace diez años. ¿Qué tendría que haberte dicho?
—Que eras un puto gilipollas, para empezar. Que de ninguna manera podía confiar en ti. ¿Quieres que siga?
—Mira, ¿quieres que nos peguemos? —propuso él—. ¿Quieres? Porque dejaría que me molieses a palos si así volviésemos a ser amigos. No me importa.
—Bueno, eso no sería precisamente una pelea, ¿no?
—No, supongo que no. Entonces, ¿qué hacemos?”

Nickolas Butler, Canciones de amor a quemarropa

Fijaos en el abuso de las exclamaciones, y sobre todo de las interrogaciones. Y fijaos también en ese «propuso», en los puntos suspensivos, y en lo mucho que se parece el fragmento al lenguaje natural.

Aun así, el texto funciona maravillosamente. Es un conflicto. Creo que la dureza del lenguaje (entre otras cosas, mis queridas palabras malsonantes) establece el tono y hacen innecesaria cualquier otra aclaración sobre el comportamiento de los personajes. En este sentido, también creo que las frases interrogativas añaden agresividad. Y sobre todo creo que el diálogo se remata de una forma muy efectiva. «Si te dejas moler a palos no sería una pelea, ¿no crees?»

* * * *
¿Y a vosotros? ¿Os resulta complicado escribir escenas de diálogo? ¿Tratáis de evitarlas? Si os ha gustado esta entrada, os animo a compartirla en las redes sociales.

 Fuente de la primera imagen: Irvine Welsh (http://swipe.swipelife.netdna-cdn.com/wp-content/uploads/2015/01/The-Talks-Ft.-Irvine-Welsh-swipelife.jpg?aec60b)

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7 comentarios

  1. Hola Guillermo. Me alegro de que te haya gustado este artículo. En cuanto al último punto, la idea es que es mucho más sencillo manejar un diálogo entre dos personajes que entre tres o más. Hay ocasiones en las que esto es necesario y lo requiere la trama. Para estos casos también hay consejos (por ejemplo, este post de aquí ofrece algunos: http://www.helpingwritersbecomeauthors.com/dont-let-multiple-character-scenes-run/). Sin embargo, en otras ocasiones tendremos más de dos personajes en escena, pero lo que nos interesa son solo los puntos de vista de dos de ellos. Esto ocurre muchas veces.

    A mí en particular me resulta muy difícil escribir diálogos equilibrados. Cuando tengo más de dos personajes en la misma conversación y todos ellos comparten el mismo peso en el diálogo, la situación se me complica mucho más.

    El escritor que sugería este consejo (cuyo nombre ya no recuerdo), venía a decir que era preferible usar algún recurso narrativo para lograr que estos dos personajes se quedaran solos, en vez de tener al resto de personajes suspendidos en la escena como peleles, limitándose a corear o a confirmar lo que dicen estos dos personajes.

    No sé si con esto aclaro tu duda o lo he liado todavía más 🙂

  2. Me ha parecido muy curioso lo del diálogo entre dos personajes, ¡y es que es cierto! He leído pocas historias en que una conversación sea de tres personas o más.

    Gracias por los consejos. Algunos los conocía por práctica, pero no sabría decir si se me dan bien los diálogos o no, pero sí que estoy segura de que a mis personajes les falta desarrollo. Seguramente los diálogos tendrán algo que ver.

    ¡Tus entradas son muy interesantes!

  3. ¡Muchas gracias Euterpe! Anima mucho saber que os gustan estos artículos sobre técnicas de escritura.

    Por otro lado, si consideras que tus personajes necesitan más trabajo, te recomiendo que te pilles The Art of Character, de David Corbett, que es el mejor libro que he leído sobre el tema (aunque creo que está solo en inglés). Orson Scott Card es un buen escritor para tomar como referencia a la hora de construir personajes con dilemas éticos, moralidad, etc. En cuanto a los clásicos, Dickens y Melville son maestros en la caracterización. Tengo pendiente escribir una entrada sobre todo esto…

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