Por qué vende la mala literatura

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      La mayoría de los escritores os dirán que Dan Brown no puede ser ejemplo de nada. Para una mayoría de escritores, de hecho, Dan Brown es como Stephanie Meyer, un ente abstracto que aúna todo lo que no debe hacerse en este sacrosanto oficio que es la literatura. Y yo estoy de acuerdo. Aborrezco a Dan Brown. Lo detesto. 

               Hace años un colega me pasó “Ángeles y Demonios”, un tocho considerable de más de seiscientas páginas –de letra bien gorda, eso sí- y puedo aseguraros que hincarle el diente fue una experiencia insoportable. Una tortura que duró aproximadamente las seis o siete horas que tardé en devorarlo.

Droga mala. Una novela que prácticamente empieza con un sueño y que luego describe al personaje principal tal que así:

“Si bien no era exactamente guapo en un sentido clásico, a sus cuarenta y cinco años tenía lo que sus colegas femeninas llamaban un atractivo <<erudito>>: espeso pelo castaño con algunos mechones grises, penetrantes ojos azules, una cautivadora voz profunda y la sonrisa arrebatadora y desenfadada de un atleta universitario. Saltador de trampolín en el instituto y la universidad, todavía lucía el cuerpo de un nadador, un tonificado físico de un metro ochenta que mantenía en forma gracias a los cincuenta largos que hacía diariamente en la piscina de la universidad”.

Droga mala, como digo, de esa que te pudre el cerebro. Pero yo no tenía bastante, así que le pedí a mi amigo más material. Él me dejó “El código Da Vinci” sin advertirme que son casi cien páginas menos, pero que esta vez la droga viene sin adulterar. Lo cogí y me salté un par de comidas. Lo leía con esa sonrisa tonta de suficiencia que exhibe el que cree que puede hacerlo un millón de veces mejor. Esto es mierda, mierda, pensaba. Pero no podía parar de leer.

¿Es Dan Brown un mal escritor? Joder, yo creía que sí, pero es que últimamente ya no lo tengo tan claro. Todos somos la hostia como escritores, todos podríamos parir un “Código Da Vinci” en tres meses. Pero no lo haremos. Algunos diremos que es porque tenemos nuestra integridad, otros diremos que para tener éxito no sólo hace falta escribir, sino tener contactos. El caso es que nadie me ha demostrado todavía que, desde esa actitud de suficiencia y desprecio absoluto, sea capaz de producir una de esas novelas con éxito. Igual no es tan fácil. 

           El mundo editorial se ha globalizado. Lo que tenemos ahora son un puñado de grandes fenómenos literarios (“Harry Potter”, “Cincuenta sombras de Grey”, “Divergente”, “Crepúsculo”, “Los juegos del hambre”, etc.) y miles de obras que pasan sin pena ni gloria por las librerías. 

Grandes fenómenos literarios han existido siempre, vale, pero es que ahora la cosa se ha polarizado: O ganas millones con tu libro, o escribes desde el arroyo. No parece haber término medio. Y me surge la siguiente pregunta: ¿Son los lectores estúpidos, las editoriales y el marketing los han hecho estúpidos, o el estúpido soy yo, que no soy capaz de entender la valía de determinados libros o géneros? Porque decir que la mayor parte de los lectores se equivocan es un poco chungo, ¿no? 

                Esta crisis, que sacude los mismos cimientos de mi existencia como lector crítico, me surgió por primera vez en la Exposición del Gótico de la British Library, donde habían cascado en un expositor una copia de “Crepúsculo” a escasos metros de primeras ediciones de “Drácula”, “El Monje” o “El castillo de Otranto”. Y en aquel momento yo me pregunté ¿Cómo se atreven a perpetrar tamaño sacrilegio? 

Luego lo he meditado, y creo que he comprendido algo que en el fondo es muy sencillo. La historia se repite.

Los comentarios peyorativos que se leen sobre “Crepúsculo” parecen casi calcados de las críticas que recibió la literatura gótica en su día. Los eruditos literarios en aquel momento creían que sólo eran novelas baratas para jovencitas impresionables. Sin embargo, estas novelas góticas junto con los penny dreadfuls (cuyo objetivo era entretener a una masa trabajadora, debemos suponer inculta y acrítica), han sobrevivido al examen del tiempo y son mostrados en una de las mejores exposiciones literarias que he tenido el gusto de ver a lo largo de mi vida. Así pues quizá, y sólo quizá, Dan Brown, Meyer y toda esa gente que vende millones de copias, será algún día objeto del mismo privilegio y su obra será estudiada en las universidades del futuro. Sin duda muchos de los escritores con pretensiones más serias pasarán sin pena ni gloria y desaparecerán sin más. 

                Me acojona, para qué negarlo. Me acojona pensar que soy yo el que no lo entiende, que soy yo el que está desfasado, el tipo que lee y escribe novelas que son iguales que las que se leían y escribían hace veinte o treinta años. Que defiende modelos obsoletos, como esos egregios literatos que criticaban la forma de escritura del “Nuevo periodismo”, o como esos académicos rancios que criticaron el gótico, que criticaron el romántico, en fin, que criticaron todo aquello que era nuevo y distinto.

                Vivimos en un mundo donde el ocio es mayoritariamente audiovisual y donde nuestra capacidad de atención se ve mermada todo el rato por cuestiones de trabajo, por Whatsapp, por Internet. La literatura que triunfa es ésa capaz de engancharte con la misma habilidad que la programación de noche de tu televisión. Es la literatura que imita a las series que nos dejan embobados delante de la pantalla. ¿Por qué la serie de televisión “Juego de Tronos” es tan efectiva? Porque su autor tiene el culo pelado de escribir guiones y su contrapartida literaria es una novela río que emplea recursos y lenguajes cinematográficos. Me gustan mucho J. R. R. Tolkien y G. R. R. Martin, pero la diferencia entre Tolkien y Martin es también la diferencia entre el pasado y el presente. Tolkien evoca y Martin entrega.

Por otro lado, hemos perdido el vocabulario y la paciencia, y eso se refleja en la literatura. La pobreza del lenguaje (llamémoslo mejor simplicidad, que también puede ser) se hace evidente con cada nueva novela, al mismo tiempo que el número de palabras se reduce. Los tíos que escriben Alt-Lit lo hacen con más precisión que los que escribían en la época del Romanticismo. Ben Brooks es una joven promesa y un gran escritor, pero sus libros logran llegar al lector usando tan sólo una décima parte de los recursos de los que disponía Charles Dickens. Y a lo mejor el formulismo cansino y plagado de tópicos de Meyer esconde una lectura sobre la Iglesia Mormona y la espiritualidad, la represión y el conflicto sexual que conlleva, que será analizada por los críticos literarios de los siglos venideros.   

                 Me acojona, como digo, sentirme fuera de la literatura de mi época. Pero no hay nada que pueda hacer, salvo intentar tener una mente abierta. Por eso he escrito esta entrada. Porque no me gusta Dan Brown. Porque pienso que su obra está mal documentada, mal escrita, que los diálogos son de opereta, tan falsos como sus personajes. Y aún con todo la devoré en dos días, con más facilidad que otros libros que me gustan mucho más. Y eso merece un análisis. 

Porque, por más que insistamos en todos estos fallos, Dan Brown también habrá tenido que hacer algunas cosas bien, ¿no?

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30 comentarios

  1. Hola, Víctor. Un placer. Llegué a tu blog gracias a un enlace que publicó Ana Bolox en su perfil de Google+ y que enlazaba directamente con este post. Me gusta la fina ironía que despliegas en frases como "Hincarle el diente -al libro de Dan Brown- fue una experiencia insoportable. Una tortura que duró aproximadamente las seis o siete horas que tardé en devorarlo". Y claro, no contento con eso, le pediste a tu amigo que te proveyese de más material -del citado Brown-.
    Reconozco que yo no he leído nada de Dan Brown. Y si no lo he hecho ha sido porque su temática no me atrae lo más mínimo. Por la misma razón que tampoco he leído nada de los grandes fenómenos literarios que citas ("Harry Potter", "Grey", "Crepúsculo", etc.). Esto no quiere decir que rehúya los Best Sellers. Al contrario. En mi biblioteca personal tienen cabida auténticos superventas que van desde "La isla del tesoro" o "El conde de Montecristo" hasta "Las cenizas de Ángela" o "Memorias de una Geisha" -por citar algunos-. Si una lectura me atrae, la leo. Así de simple. Y si me gusta, la recomiendo. Y si no me gusta, o bien la ignoro y la olvido o la machaco sin piedad. Un ejemplo de esto último es el dichoso "Ulises" de James Joyce, al que detesto en grado sumo.
    Con esto quiero decir que todos nosotros -lectores, escritores, críticos, editores-, tenemos nuestros propios gustos literarios, y que lo bueno que tiene la diversidad editorial es que, si tienes curiosidad, siempre acabarás encontrando algo que satisfaga tus ansias lectoras.
    Y sí, Dan Brown ha debido hacer algunas cosas bien. Como mínimo ha conseguido enganchar con sus historias a millones de lectores en todo el mundo. Ya quisiera yo lo mismo para mi.
    Insisto. Un placer descubrirte y leerte. Seguiré pasándome por aquí de vez en cuando. Un saludo.

    1. He intentado leer “Ulyses” de Joyce en varias ocasiones y me resulta imposible pasar de las primeras páginas.

  2. Hola Pedro, bienvenido al blog 🙂

    Me parece muy interesante tu comentario. Dan Brown es sólo un ejemplo, el autor que se usa casi siempre cuando unos cuantos nos juntamos y echamos pestes sobre la mala literatura que copa los estantes de las librerías. Pero de hecho, Dan Brown hace muchas cosas bien. Sabe qué historia quiere contar –ni te imaginas la cantidad de escritores que se ponen a escribir sin tener ni idea de esto-, sabe contarla, sabe cómo atrapar la atención del lector y sabe cómo pulir la prosa para reducirla a su mínima expresión. Si no fuera así, no tendría tanto éxito.

    En mi opinión, pasa lo mismo con otros fenómenos literarios. J. K. Rowling usa técnicas que ya empleaba Agatha Christie para construir sus historias y tiene elementos formales y estilísticos de más interés que un best seller medio. Y “Los juegos del hambre”, aunque no hubiera ninguna otra razón, al menos ha tenido el acierto de actualizar las distopías al estilo de Orwell y de Huxley, sabiendo atraer al público occidental a una versión edulcorada del Battle Royale de Koushun Takami.

    Por cierto, me encantan tus ejemplos, “La isla del tesoro “ es uno de mis libros favoritos. Yo también leo aquellos libros que me llaman la intención, aunque reconozco que intento leer de todo. Eso sí, si algo no me gusta, lo dejo (a veces con bastante dolor y enfado, porque muchos libros no son baratos). Sin embargo me interesa la industria editorial y los gustos de los lectores, y por eso creo que a veces, desde nuestra posición, somos un poco injustos al criticar los fenómenos literarios sin pararnos a cuestionar las razones de su éxito.

    Encantado de que te haya gustado la entrada. Ya nos vamos leyendo por aquí. Un abrazo.

  3. Hola Ana. Yo no he recibido ninguna notificación, habrán sido los duendecillos del Internet…

    De todas formas, a Joyce y su Ulises le pasa lo mismo que a Dan Brown pero por el otro lado. Cuando se quiere poner el ejemplo de un autor peñazo y trascendental, casi siempre se usa a Joyce. Yo admito sin ningún rubor que ni siquiera lo he intentado, pero es que todo el asunto ese me suena, como a tí, a tortura china. Y mira, prefiero leer algo entretenido aunque esté mal escrito y no tenga mucho seso, que una novela que pretenda dar respuesta al Universo y fracase estrepitosamente (y aquí ya no hablo del Ulises, por supuesto). Aunque al final saliera perdiendo la literatura, al menos salgo ganando yo.

  4. No he visto mejor definición de mala literatura que una foto de Dan Brown, tal vez, una de Brown y Meyer dándose besitos en la boca, pero esta resulta.
    No puedo compartir vuestro miedo a Joyce, lo siento, primero fue Joyce y después la literatura, lo anterior, son palabras inconexas. Cualquier guía de literatura te dirá lo mismo, Joyce es una piedra angular de la literatura moderna. Yo no puedo con el Ulyses, pero admito que me encanta Dublineses, y por ese camino te puedes perder un poco y acabar leyendo una maravilla como es Jude el Oscuro.
    Sin embargo, eso no te pasará jamás leyendo a Meyer…como mucho acabarás en youtube viendo un clip de One Direction o Miley Cirus, que son a la música lo que estos escritores a la literatura.
    Y no, con el tiempo no serán bien recordados.

  5. Hola Jaume. Es verdad que he leído en varios sitios que Dublineses es una obra mucho más accesible que el Ulises. Yo no puedo valorar personalmente a Joyce porque no lo he leído (ni hojeado siquiera), pero al mismo tiempo no puedo dudar de su calidad como autor y de su relevancia e influencia en la literatura del siglo XX. Eso sí, un libro como el Ulises, que mucha gente lo plantea en plan: A ver cuántas páginas soy capaz de aguantar… pues asusta.

    A veces me debato entre leer obras relevantes (porque hay que leerlas), o leer simplemente aquello que me atrae en cada momento. Yo intento buscar el equilibro y creo que ese equilibrio, al final, me acabará llevando a Joyce de forma natural.

  6. Exacto, yo leo así. Trato de buscar equilibrio entre unas cosas y otras. Yo soy usuario de literatura-rápida. Mi escritor de cabecera es Stephen King, que para mucho es el big mac de la literatura, pero me encanta, y lo leo todo. Sin embargo trato siempre mezclar alguna lectura relevante o buscar "los grandes clásicos", y no siempre termino contento con ellos: hace poco terminé On the Road, de Jack Keroac y creo que es lo peor que he leído en mucho tiempo, sin embargo, se lo considera un hito del S. XX. Ser considerado un clásico no siempre es señal de calidad.

  7. Hola, pues yo vuelvo por aquí a meter un poco de cizaña…, jajaja ;-p

    Estoy leyendo un libro muy interesante sobre la creación de personajes y de repente (será por -jugando con un título literario- "Los renglones torcidos de Dios") me he encontrado con esto, jajaja: Have you started "Lord Jim"? This is probably the world's most frequently started but not finished book (excepting all those who quit James Joyce's "Ulysses" in chapter three".

    Y ya no digo más ;-p

  8. Me reconforta saber que algunos comparten mis cabreos. Para escribir sus novelas Dan Brown se reunió con algunos "sociólogos" y especialistas en "lo que se vende". Le prometo que si leyera alguna "Literatura" romántica de esta que vende y mucho (Megan Maxwell por ej.) se tendría ya que dedicar en serio al alivio de la bebida a gran escala para no deprimirse. Pero funciona y tenemos, antes de poner el grito en el cielo, que preguntarnos porque. Hay varias razones Con los ebooks todo el mundo se puede decir escritor Estos escritores están dando a sus muchos lectores algo que anhelan: misterio, amores imposibles, sexo, esta evasión barata y fácil que hace supongo sus vidas más soportables. Luego no creo que el sistema de educación actual ayude mucho a fomentar cierta exigencia de criterios literarios. Te aburren antes de sólo empezar a leer por tu cuenta. Mi hijo de 10 años tuvo que estudiar Quevedo y me costó mucho demostrarle que era divertido. La pregunta real es ¿Cómo se podría remplazar a Dan Brown o Mega Maxwell…y 150 más para que sus fans encuentren en una literatura de verdad placer, sueños y evasión? Cuidado en no ser elitista en la respuesta Me parece que Simenon, Agatha Christie, Tolkien E. Brontë lo consiguieron.

  9. Hola Marie-Laure, bienvenida al blog. Estoy de acuerdo contigo en que es un buen ejercicio el analizar por qué estos autores tienen tanto éxito (al margen del marketing). A veces el tema deprime un poco, porque ya tenemos un mercado literario bastante maltrecho, como para que encima esté monopolizado por libros así (y si creíamos que Dan Brown ya era malo, espera a ver la nueva ola de libros de famosillos de televisión). Pero no pasa nada. Leer no sólo es cultura y aprendizaje, también es ocio, y no veo ningún problema en que exista una literatura de “evasión” sin demasiadas inquietudes; es más, lo aplaudo. Como bien dices, en esta área también existen autores mucho mejores que Dan Brown, pero aquí ya entraría en juego la falta de educación y formación como lectores. Por supuesto, leer a Dan Brown está bien, ¿por qué no? Lo malo, yo creo, es quedarse ahí.
    ¡Un saludo!

  10. Hola, Proba. Gracias por tu comentario. La verdad es que en este artículo yo utilizo a Dan Brown más como un símbolo que como otra cosa. Y lo uso porque he leído a Dan Brown, y porque casi todo el mundo coincide en que sus novelas tienen muy poca calidad, y yo esa opinión la comparto. Dicho esto, en el artículo también digo que Dan Brown ha tenido que hacer algo MUY bien, y que cualquier escritor que quiera vender su obra a un público amplio tiene bastante que aprender de él. A bote pronto, te puedo decir cinco cosas que ha hecho bien: sabe escoger unas pitchlines muy atractivas, hace un uso muy inteligente de recursos como los cliffhangers, es capaz de eliminar todos los elementos que no contribuyen al desarrollo de la historia, sus novelas tienen un marcado sentido del ritmo y además ha sabido utilizar en sus obras argumentos polémicos (la corrupción en el Vaticano, por ejemplo) sin alienar a parte de su público potencial.
    Un saludo y muchas gracias por pasarte por aquí 🙂

  11. Buen día acá Victor, tardenoche allá. Estoy encantado con tus comentarios acerca de algunos elementos literarios que se discuten en tu blog. Y ciertamente el marketing coloca una disyuntiva difícil de evaluar versus calidad en literatura. Algunas veces pieso que ello se debe a cierta pulsión evasiva en el publico lector. La inmediatez de internet, los famosos 140 caracteres hacen que el público dispuesto a leer una obra extensa o profunda en contenidos estético/literarios sea cada vez más escasa. Tenemos ejemplos como el que citas, Dan Brown, o más cercanos a nuestra idiosincrasia latina como Paulo Cohelo. La fenomenología que quizás podría explicar su éxito en ventas está descrita en tu artículo, el lenguaje cinematográfico. Tengo entendido que Cohelo escribió durante muchos años guiones para series televisivas, más no por ello debemos tomarlo como una verdad contundente. J.K. Rowlings es prueba de este aserto. Considero que en literatura, en el pacto ficcional, lo importante es la movilidad. que la gente lea, pues como bien se afirma en los comentarios, es preferible una lectura indigesta que no tener ninguna. Ha sido un descubrimiento fenomenal tu blog gracias a mi amiga Marisa Dómenech quien tiene tu vínculo en su blog Nuevo viaje a Ithaca. en lo que las condiciones lo permitan me lo llevará a mi plataforma. Un abrazo desde Venezuela. Ah, y ciertamente….el Ulyses es pesadísimo de leer, 🙂

  12. Hola Gabriel. Muchas gracias por tus amables palabras. La literatura es, ciertamente, una actividad de evasión, al menos para los que la amamos. También existe la idea de que leer libros sirve para aprender y adquirir cultura; y aunque es cierto, el objetivo que perseguimos al leer una novela no es aprender sobre nada en concreto: eso es tan solo un agradable efecto secundario. Quizá por ello las novelas más sencillas y con menos contenido son más atractivas, porque parecen alejarse más de esa finalidad didáctica que muchos le atribuyen a los libros. El lenguaje cinematográfico es lo que se persigue desde hace años en la literatura de consumo masivo y, dentro de muy poco, será el lenguaje de los videojuegos (porque lleva ya una década afectando al rodaje de las películas).

    Como bien dices, es preferible leer obras de calidad cuestionable a no leer ninguna, porque un mal libro puede ser la antesala de uno bueno.

    Un abrazo, y muchas gracias por tus comentarios.

  13. En una de las ocasiones en las que me divertía leyendo publicaciones y memes y comentarios en facebook leí algo que recuerdo justo ahora que leo tu penoso artículo, lo escribió una chica en respuesta a un debate que comenzó cuando otra confesó orgullosa ser lectora asidua de John Green y decía así algo así: ''…usted al menos no es como algunos de aquí que lo "odian" con todo, y se mojan en secreto con sus libros (…), me recuerdan a esos "homofóbicos" que le traen unas ganas severas a sus amigotes :v ''.
    También me recuerda algo que leí hace unos años del infame Choc Polenic ; ) y es esto:
    “–Esto es típico. Tenemos toda la estructura de poder de la sociedad occidental en este coche. De acuerdo con Ostra, los «papis» tienen todo el poder, así que no quieren que nada cambie. Se refiere a mí. Y yo cuento uno, cuento dos, cuento tres… Ostra dice que todas las «mamis» tienen un poco de poder, pero que ansían más. Se refiere a Helen. Y yo cuento cuatro, cuento cinco, cuento seis… Y la gente joven, dice, tiene escaso poder o ninguno, así que están desesperados por tener algo. Ostra y Mona. Cuento siete, cuento ocho… y la voz de Ostra sigue sin parar. Ese silenciofóbico. Ese charladicto. Sonriendo con la mitad de su boca, Ostra dice: –Todas las generaciones quieren ser la última. –Y le dice al teléfono–: Sí, me gustaría poner un anuncio. –Y dice–: Sí, me espero.”
    Siguiendo con el planteamiento de Ostra los escritores consagrados son los ‘papis’, y representan ‘lo que es correcto’, ‘lo que está bien’ a ‘los exponentes más altos de la literatura de todos los tiempos’, los que ahora tienen todo el prestigio. Las mamis, los escritores emergentes ya tienen algo de prestigio pero quieren más y siguen escribiendo y hacen lo que sea por ello incluyendo basar su obra en otras obras (ya consagradas), explotar el morbo (popular o no) por temas tabú, consultar asesores y usar estrategias de marketing etc. Y ’la gente joven’ tiene poco o ningún prestigio, por lo que se aferran a ‘lo que está bien’ lo cual puede significar el escritor de moda para algunos o el premio nobel de literatura para otros. Y ahí empieza el debate.

  14. No sé, el libro como lo conocemos es un producto y como tal debe ser vendible, para lo cual debe tener ciertas características. Es decir que un libro hoy no obedece a su calidad literaria si no a su vendibilidad. O sea que para publicarse un libro atiende antes que nada, si no es que en su totalidad, a esa capacidad de ser comercializado. Lo cual es lógico si piensas en cómo funciona el mundo. Uno para escribir debe tener tiempo, para tener tiempo debes tener dinero, para tener dinero debes trabajar. Ser escritor es un oficio, que obedece a las necesidades de tu cliente. No puedes seguir tus inclinaciones personales más que en tu tiempo libre, pero para tener tiempo necesitas dinero y para tener dinero necesitas trabajar. ¿Lo ves?
    Imagina que eres zapatero y sigues tus inclinaciones particulares y no las necesidades de tus clientes. Como escritor estás ofreciendo un servicio. Y ese servicio, para ser adquirido, debe satisfacer las necesidades de tus clientes/lectores. No las tuyas propias. Eso es un escritor profesional.
    El lector promedio sólo quiere entretenerse un poco, como el comprador promedio sólo quiere unos zapatos cómodos. El promedio es la masa y la masa quiere lo común, lo fácil, lo sencillo. ¿Por qué la mala literatura vende (masivamente)? Muy fácil, porque atiende a la masa, y a la masa no le interesa la calidad literaria.
    Así que como escritor tienes de dos sopas: O ‘te vendes’ y haces literatura basura y vendes libros como quien vende ropa y haces tu oficio que es hacer libros como quien hace zapatos. O te empeñas en hacer una obra maestra y literatura de calidad que nunca se va a publicar (masivamente), por la simple y sencilla razón de que no se vende (masivamente). NO ES VENDIBLE (otra vez, masivamente).
    ¿Por qué la mala literatura vende masivamente? Porque esa es la clase de literatura que la masa quiere ¿Porque ‘los malos escritores’ venden masivamente? Porque ellos escriben para sus lectores/la masa, pensando en sus lectores/la masa y no en ellos mismos. De la misma forma que un zapatero debe hacer los zapatos que pretende vender pensando en sus clientes y no en sí mismo.
    ¿Quieres que tus libros se vendan de forma masiva en las librerías? Escribe basura para las masas.
    ¿Qué es lo que estos escritores “hacen bien”? Hacen su oficio, escriben para ‘las masas’.

  15. Hola, Satori. Muy bien, pues eso mismo. La cosa va de que autores como Dan Brown son malísimos y todo lo que quieras pero tienen la habilidad de enganchar a los lectores. El post era una cura de humildad personal, porque a veces despreciamos obras populares por su mala calidad literaria, cuando para vender mucho, todo tiene que tener ALGO (que no es calidad, vale, pero algo es).

  16. Jmm…, habría qué descifrar qué es, ese ‘algo’(, o no).
    Hay mucho publicado por ahí sobre las características del bestseller.
    Estoy seguro que la mayoría de los escritores de bestsellers lo saben y lo aplican. Basta con saber que muchos son profesionales de la escritura o tienen una experiencia particular usando ésta de forma utilitaria en su vida o profesión anterior. Algunos como Thomas Harris fueron reporteros, otros estudiaron cerreras afines pero no escribieron hasta que ''algo marcó sus vidas'' o tuvieron la necesidad (monetaria).
    Una vez le pregunté a una amiga mía –que escribe excelentemente y ama la buena literatura– si escribiría un bestseller (o sea por dinero), y ella me contestó que no lo haría, no a menos que se viera en la necesidad, que no tuviera para comer ni vestir y se viera a sí misma en la pobreza. ¿Les recuerda a alguien?
    Yo creo que los escritores de bestsellers son personas vencidas, abrumadas por la realidad, que se ven obligadas a abandonar su idealismo (literario) en pos de su supervivencia y no les queda otra opción mas que escribir basura vendible. Por necesidad, por dinero.
    Escribir profesionalmente es un trabajo, y uno siempre trabaja para alguien; los bestsellers son un simple negocio, que usa trucos para vender, como un vendedor de coches usa trucos, como las marcas de ropa usan trucos, como las marcas de refrescos, como los verduleros en los tianguis.
    Es fácil imaginar que estos libros estén llenos de trucos y estrategias y estructuras y fórmulas con tal de ser vendibles, pues son un producto comercial y eso mismo se hace con todos los productos comerciales.
    Ahora, es muy gracioso el conflicto que expresas en tu artículo, sobre odiar a los bestsellers (en teoría) y al mismo tiempo encontrarlos irresistibles (en la práctica). Y la razón es muy sencilla: están llenos de trucos.
    Te felicito por expresar tu experiencia y propiciar el diálogo en torno a este tema y a la literatura en sí.
    Quizá lo más saludable sería escribir sin pretensiones, escribir simplemente por el gusto de hacerlo, con tu estilo propio y único, con tus propias palabras y publicarlo en donde puedas si es que quieres ser leído. Ése es el gusto y el privilegio de un escritor independiente (que no escribe para vivir, que tiene otros ingresos, que escribir no es su trabajo si no un pasatiempo).
    Ahora que si quieres ser un escritor profesional, ya sabes lo que toca, aprender el oficio, convertir tu escritura en un producto y venderlo.
    Saludos.

  17. Los éxitos de ventas tienen algo, sí, pero conseguir ese algo no me parece demasiado difícil. Perdón por el símil tan burdo, pero escribir para tener éxito me parece parecido a que una mujer se opere los pechos para gustar más o un hombre se muscule en el gimnasio para lo mismo; es fácil llegar a la conclusión de que los pechos grandes y los músculos gustan a mucha gente.

    Evidentemente, existen libros escritos para vender que acaban siendo un fiasco; ocurre simplemente que las empresas editoriales los publican en cantidades industriales, pero la gente sólo puede comprar un número limitado de ellos y, por eso, hay títulos que pasan desapercibidos.

    A mí ya me llaman esnob a la cara, aunque, lo siento, siempre despreciaré este tipo de libros. Además, he comprobado que, si insistes, muchos acaba leyendo buenos libros y reconocen que les gustan. Yo he conseguido que un par de amigos poco dados a leer se lean “Dublineses”, y me “confesaron” que les gustó. Me acuerdo de que, en tiempos de Pericles, todo el mundo, cultivado o no, iba a ver las representaciones de las tragedias. Las buenas obras literarias no son aburridas. Mi tía, que no tiene estudios, ha leído varias veces “El Quijote” porque se lo pasa bien.

    Un saludo.

    1. Buenas, Fernando. Muchas gracias por tu comentario.
      Partiendo de la base de que cada uno tendrá sus intereses, la vida es demasiado corta y hay demasiados libros buenos como para andar perdiendo el tiempo. Creo que la mayoría de los best sellers son lecturas de iniciación: El no-lector que solo consume un par de libros al año, leerá best sellers y probablemente nunca sea consciente de lo superficiales y “formulaicos” que son, porque con lo que ofrecen, a él ya le vale. Hay libros complicados y libros fáciles, pero eso no está reñido con su calidad. Luego, como dices, les pasas un Joyce y resulta que les mola, pero eso es un gusto adquirido y solo se consigue después de leer mucho.
      Sobre lo de snob: No me considero elitista en absoluto; simplemente tengo gustos de lector avanzado. No se puede pretender que alguien lea cincuenta libros al año y que todos sean superficiales y repetitivos. No digo que todo lo que lea sea alta literatura, ni mucho menos (y además todo esto son etiquetas muy discutibles), pero al menos sé que me he formado un gusto y que no me limito a seguir el estándar dictado por las grandes editoriales, los premios literarios otorgados a dedo y las adaptaciones cinematográficas.
      Antes me llamaban raro y friki. Ahora algunos intentan llamarme hípster. Yo saco los dientes, para que sepan que pueden pensar lo que les dé la gana, pero que si acercan demasiado la mano, muerdo.

  18. Hola Víctor. Tras leer las opiniones y comentarios que preceden al mío, no he podido dejar de notar la ausencia de un factor que, para mí, es clave en este tipo de novelas. Es, tan solo, un apunte. Me encantará conocer tu opinión sobre ello. Me refiero al fenómeno “fan”, esa terrible palabra que es la abreviatura de fanático. El párrafo que has escogido para mostrarnos los talentos y virtudes del Sr. Brown, describen a un prototipo. Un prototipo atractivo para un gran número de mujeres. Ahora imaginémonos a ese prototipo delante de un micrófono cantando las miserias de las relaciones de pareja, delante de un público enloquecido que, en vez de escuchar las canciones, siente la necesidad visceral de gritarlas. La letra, pobre. La música, más simple que el mecanismo de un botijo. Sin embargo el autor es considerado poco menos que un poeta y si te niegas a atribuirle la categoría de artista, es posible que recibas algún golpe. Crepusculoso, Trescientas Once Sombras de Gray, Entrevista con el Chupasangres y tantas otras novelas son, para mí, la versión escrita de semejante fenómeno. Perdón por el humor. No quiero desmerecer las obras, pues respeto a todo aquel que es capaz de reunir el coraje suficiente para escribir, pero creo que abusan, adrede, de éste factor.
    Felicidades por el blog y un abrazo.

    1. Hola, Jordi. Lo que sugieres es interesante, pero no sé si te refieres a la utilización de héroes estereotípicos como personajes de estas novelas best-seller o más bien al fenómeno de culto que se genera a su alrededor. En el primer caso, creo que una característica que todos estos libros comparten es una cierta simplicidad, tanto de trama como de estilo, que también se extiende a los personajes (la simplicidad no tiene por qué ser inherentemente negativa, conste). Sacaría de esa lista que has compartido las novelas de Anne Rice. Bajo mi humilde opinión, son diferentes a las otras que propones a varios niveles, y con una estructura bastante más compleja, una prosa más lírica, menos dependiente de cliffhangers… en fin, distintas.
      Si, por el contrario, te refieres al fenómeno “fan” que se forma en torno a ciertos autores, es verdad que muchas veces la leyenda precede al escritor. En primer lugar, la etiqueta “Dan Brown” vende un tipo de producto determinado. Una historia similar escrita por un autor desconocido será para el lector como una “marca blanca” (quizá sea mejor libro, pero probablemente se venderá peor). Cuando esta afición por la obra de un autor se lleva al extremo se convierte en fanatismo y a medida que crece la base de fans (gente que compra todos los libros) las ventas suben aunque los nuevos que el autor publique sean mucho peores que los anteriores o que otros del mismo tipo. Vamos, es lo que tiene la fama y lo que llaman por ahí “imagen de marca” que al final puede corresponder más o menos con el producto que compras, pero que es lo que te impulsa a adquirirlo.
      Gracias por tu comentario, Jordi. Un placer charlar contigo.

  19. Hola, Víctor.
    Leí “El código Da Vinci” porque en una cena surgió el debate y una amiga llegó incluso a apoyar sus dudas de fe en esa novela. Antes de acabar de leerlo le dije que era una gilipollas.
    La cuestión es que la novela tienes su fallos, como tú lo has mencionado. Entre ellos los que más me crujieron son los “Deux ex machina” para resolver algunos asuntos. No he vuelto a leer nada de Dan Brown. También leí “Crepúsculo”, y no he vuelto a leer nada de esa autora. Sin embargo, creo que no son libros mal escritos. Todo lo contrario, son novelas «producidas» para vender, y en ese sentido están muy bien escritas. Es más, si Dan Brown un día se levantase y decidiera escribir sin mirar su cuenta corriente, creo que sería un escritor maravilloso.
    Lamentablemente, Víctor, vivimos en una época donde lo más valorado es el éxito, entendido como fama y riqueza rápidas. De ahí que triunfen los blogs dedicados al marketing de escritores. La gente quiere éxito, muy pocos quieren ser escritores de literatura. Entonces, no hay que confundir éxito literario con éxito editorial. El éxito literario lo veremos dentro de un siglo, y el éxito editorial, ya mismo, en el top100 de Amazon, por ejemplo. Dentro de un siglo nadie hablará de “El código Da Vinci” como todavía se habla de “Ulysses” o “Madame Bovary”. ¿Quién se acuerda o relee de “Carrie”? En 1980 Cortázar ya dijo algo de los “best sellers”. El debate no es nuevo.
    Entonces, no te acojones, ni siquiera pienses que estás fuera de la literatura de tu época, porque el éxito de todos esos autores no es literario, es solo éxito editorial.
    Un abrazo.

    1. ¡Buenas, Néstor! Te confieso que mi secreta ambición durante mucho tiempo ha sido la de conseguir aplicar con cabeza las técnicas que utilizan estos autores en mis textos sin por ello perjudicar la (supuesta, percibida por mí) calidad literaria del mismo. De ahí el interés y el estudio. Por otra parte, ha llovido mucho desde que escribí este artículo y mi opinión quizá ha variado un poco y se ha tamizado con el tiempo. Como bien dices, posiblemente Dan Brown es extremadamente hábil en lo que hace (o en lo que hizo en su momento). Que no sea un libro para mí y que no responda a mis inquietudes no necesariamente implica un desprecio. Hay en la vida momentos más que de sobra para que un lector se entretenga con Dan Brown, Meyer o cualquier otro ejemplo de literatura ligera sin tener por ello que rendir cuentas a nadie. No hay que olvidar que muchos de los autores que yo tengo en gran estima, otros compañeros de mi gremio los desprecian (y lo mismo ocurrirá con los tuyos y con los de cualquiera).
      Como siempre, es un placer charlar contigo. ¡Un abrazo!

  20. La diversidad siempre enriquece y en creación bueno y malo son categorías ambiguas. Leí Ulises por imponerme una obligación literaria: debo de confesar que no me enganchó en ningún momento, aunque reconozco que utiliza todas las manifestaciones históricas que han marcado la historia en todos los campos, de una forma sutil entremezcladas entre los episodios banales y cotidianos.
    El tener éxito, o no tenerlo es algo inexplicable en algunos casos, y en otros están bastante justificados aunque hayan requerido herramientas que no son accesibles a todos.
    Apasionarse por la escritura es algo bello y fascinante cuando creemos tener mensajes interesantes, eso no impide que nuestras historias no sean visibles por falta de medios, o que no interesen.
    Lo importante es realizar aquello en lo que creemos con toda la honestidad, con el talento disponible, y la satisfacción de habernos entregado a la tarea. Lo demás debemos de colocarlo en una escala secundaria. Aunque nos agradaría ser leídos no debemos entristecernos si no lo somos pues, algunos de los grandes fueron descubiertos después de su muerte.
    Saludos.

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