El primer borrador y la teoría del caos

«Una mariposa bate las alas en Pekín y en Nueva York llueve en lugar de hacer sol».

La teoría del caos es mucho más complicada que eso, por supuesto. Sin embargo, nos conformaremos con las palabras de Ian Malcolm sobre el efecto mariposa, el personaje que Michael Crichton describía en Parque Jurásico como uno de esos matemáticos de la «nueva ola» que visten como estrellas de rock.

En una escena de la película, Malcolm también explica a la paleobotánica Ellie Satler la base de la teoría del caos con un «experimento». En él, varias gotas caen siempre sobre el mismo punto de una mano pero recorren trayectorias distintas.

Es decir, un cambio mínimo en las condiciones iniciales de un sistema complejo puede generar variaciones enormes en su comportamiento en el futuro.

Eso es exactamente lo que ocurre con el primer borrador de una novela.

La capacidad de reacción del escritor

Brújula o mapa, jardineros o arquitectos, la mayor parte de los escritores solo planifican una novela hasta determinado punto. La escritura no puede convertirse en una mera transcripción de una escaleta híper-detallada, hay que dejar espacio para la sorpresa y para el descubrimiento. Por eso, la capacidad de reacción del escritor ante la aparición de una nueva idea o la resolución de los problemas que se van planteando es muy importante.

Incluso aunque tengas un documento al lado con toda la estructura de tu historia, es inevitable que acabes introduciendo cambios en tu primer borrador a medida que trabajes en él, por múltiples razones:

A veces es porque tus personajes «se rebelan», una expresión un poco rara, pero que solo quiere decir que estás conociéndolos a lo largo de la historia, lo cual es una buena forma de profundizar en su personalidad, en sus deseos y sus necesidades.

A veces es por una «mala» planificación, porque no te percataste de que no es tan sencillo conseguir un arma de fuego en el mercado negro, o porque un viaje a Australia puede durar varias semanas en el siglo XIX, o quizá porque las razones que esgrimía el rey para invadir las Tierras Malditas ya no te parecen tan imperiosas o tan consistentes como antes.

A veces es porque te viene a la cabeza una idea mejor o diferente para resolver un conflicto, o porque de pronto se te ocurre una nueva escena que te mueres por incluir.

Sea como sea, te sales del camino previsto. Lo cual está muy bien, pero hay que tener cuidado.

Piensa en los viajes en el tiempo y en cómo algunos cambios que parecen pequeños acaban teniendo consecuencias muy graves. Una modificación de tu novela durante la elaboración del primer borrador puede llevarte a un final muy diferente del que esperabas o a problemas de coherencia interna (En la primera versión de este artículo me lancé a escribir varios párrafos sobre qué era la coherencia interna, cómo evitarla, etcétera, etcétera, hasta que me di cuenta de que yo mismo estaba saliéndome del tema del artículo y corría el riesgo de degenerar en el caos. Para evitarte la ironía, he optado por dejar el tema para el próximo mail de suscriptores de la lista de correo, al que puedes apuntarte aquí).

De hecho, también puede conducirte a ninguna parte, a que todo deje de tener sentido, a que abandones frustrado el manuscrito en una carpeta de tu ordenador y nunca lo termines. Y una historia sin final ni es una historia ni es nada.

Esto puede parecer un poco exagerado, pero está claro que todo cambio sobre la planificación inicial supone un compromiso de enmienda en el futuro.

Cómo evitar el caos

Y eso es lo que nos lleva a la teoría del caos. Un cambio menor en el capítulo dos puede tener consecuencias impredecibles varios capítulos más tarde. Quizá ese poder mágico que le diste a un personaje ahora le permite escapar de una prisión de máxima seguridad en un pestañeo; la misma prisión en la que habías ambientado la segunda mitad de tu novela.

Por eso es necesario llevar a cabo una evaluación preventiva de los posibles daños o alteraciones que va a sufrir la historia tras cualquier modificación. Especialmente cuando el cambio se produce a mitad de camino y requiere una reescritura posterior de capítulos anteriores que prefieres no llevar a cabo para terminar cuanto antes.

«Ya lo solucionaré más tarde, cuando revise la novela» o «seguro que al final se me ocurre algo» son frases que presagian el desastre.

A medida que las cosas se van volviendo más complejas, más fácil resulta caer en un estado de desorganización y desorden absolutos. Las primeras novelas suelen incurrir en este tipo de problemas. Uno quiere contarlo todo, abarcarlo todo, como si esa novela fuese la última en vez de la primera. El resultado es normalmente horrible, porque el hilo conductor se pierde enseguida y el mensaje original degenera en fárrago.

Por eso defiendo la importancia de saber, hasta cierto punto, qué es lo que quieres contar antes de ponerte a escribir. Necesitas un ancla, un punto de partida que sirva también de reflexión (en el mundo del cine se suele hablar de loglines, una pequeña frase que resume la entidad de un proyecto), y también un puerto, un punto final al que quieres llegar.

Si sabes de dónde vienes y a dónde te diriges, es mucho más difícil perderte.

También defiendo la importancia del «tema» en un sentido literario. El tema es útil también para esto porque actúa de hilo conductor. Si una nueva escena, personaje o elemento no ayuda a avanzar la historia y tampoco ayuda a amplificar el tema, entonces sobra.

Si tu novela trata de la singularidad tecnológica y de las cuestiones éticas relacionadas y para ello presentas una sociedad futurista distópica, está muy bien que ofrezcas unas pinceladas sobre totalitarismos o economía, pero no debes olvidar en ningún momento que tu objetivo es tratar la singularidad tecnológica, no los peligros de un régimen autocrático. No puedes dejar que el worldbuilding devore tu historia y perder de vista aquello que pretendías contar.

En este sentido, admito que soy bastante neo-barroco (diría que casi rococó), porque me encanta añadir simbolismo y capas de interpretación. Creo que parte de esa información se pierde en el lado del lector, pero me parece que aporta textura a una historia y además la considero una seña de identidad de la que no quiero desprenderme. Sin embargo, el objetivo ha de ser siempre contextualizar y especificar. En otras palabras, introducir complejidad… sin llegar a saturar con ruido.

Conclusiones

Seguro que las mejores ideas para tu novela se te ocurren mientras la estás escribiendo, cuando el proyecto ocupa todo tu tiempo y tu cabeza trabaja en él durante veinticuatro horas al día (sí, incluso cuando duermes). Pero no todas las ideas tienen por qué resultar adecuadas, ni todas tienen por qué encajar. Evalúa las que puedes utilizar para mejorar el texto y, las que no, arrójalas sin ningún remordimiento a tu montaña de «ideas-basura». Ya habrá tiempo para incorporarlas en otro libro, o quizá para añadirlas cuando el primer manuscrito esté terminado.

No intentes convertir una novela en otra distinta a mitad de camino.

Copyright de las imágenes: Amblin Entertainment.

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10 comentarios

  1. Un gran artículo, Víctor.

    Yo el caos me lo monto antes del borrador jajajaj. Lo bueno es que siempre tengo bastante claro adónde quiero llegar con mi historia y los puntos que tocaré, por lo que, aunque me surjan ideas sobre la marcha, casi nunca tengo que reescribir de manera que me quede una historia diferente. La sorpresa del escritor al escribir es maravillosa, pero más nos vale tener las cosas claras si no queremos meternos en un círculo vicioso que tire por la borda nuestro trabajo.

    Tan interesante como siempre.

    ¡Nos leemoos!

    1. Pues eso es lo ideal, ojalá me pasase a mí, XD. Cada novela que empiezo a escribir se trasforma rápidamente en cinco variantes del argumento original… todas a la vez. A veces es divertido re-planificar, resolver las incoherencias y jugar al “script doctor”, pero en otras ocasiones resulta desesperante. En fin, habrá que seguir aprendiendo y mejorando.
      ¡Un saludo y muchas gracias por tu comentario!

  2. Excelente, Victor. Me ha pasado que se rebelen los personajes, y creo que es buena señal. Significa que están bien construidos. Pero con mi última novela pasé demasiado tiempo reescribiendo los primeros seis capítulos y no conseguía avanzar, tardé mucho, y solo cuando me decidí a seguir hasta el final con ese primer borrador y reescribir cuando acabara, logré dar con el tono adecuado. Ese cajón ideas-basura puede ser muy útil. Un abrazo.

    1. Muchas gracias por tu comentario, Sonsoles, y enhorabuena por terminar ese primer borrador 🙂 ¡Un abrazo!

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