Por qué es preferible no vivir de la escritura

Supongo que, como todos, alguna vez has soñado con vivir de la escritura, dedicarte a crear historias, compartirlas con los lectores y ganar lo suficiente para mantenerte con tus obras.

Es posible que alguien —siempre bienintencionado— te haya animado diciéndote que igual algún día «pegas el pelotazo» con una novela; pero tú no estás buscando eso. No necesitas hacerte millonario (no escribes con afán crematístico, no eres avaricioso), solo quieres consagrarte en cuerpo y alma a tus libros.

Elige un trabajo que te guste y no tendrás que trabajar ni un solo día de tu vida.

Blablá y blablablá.

Yo también pensaba así. Durante muchos años intenté convertir la escritura en una actividad económicamente sostenible.

Parte de esa necesidad provenía de mi propia inestabilidad laboral, parte del ecosistema en el que estaba metido (todos mis compañeros escritores parecían perseguir el mismo objetivo) y supongo que también porque era un poco naif.

Pero hace años que cambié de opinión. Ya no quiero vivir de la escritura.

O, mejor dicho, ya no quiero seguir intentándolo.

Es una sensación liberadora.

Es muy difícil vivir de la escritura. Si quieres hacerte una idea de lo difícil que es, puedes echarle un ojo a esta entrada que escribí hace una década, cuando todavía era inocente, cuando aún estaba intentándolo. Allí descubrirás lo que cobra un escritor de media por cada novela que publica y la cantidad de libros que tendría que vender para llegar al salario mínimo. No te preocupes: a pesar del paso del tiempo, sigue siendo «contenido evergreen», nada ha cambiado.

Hace poco, el escritor Alberto Olmos comentaba que la mayoría de los autores que conoce no viven de la escritura. Que todos esos «famosos» que aparecen en los suplementos literarios y que acuden a las fiestas de escritores (en los círculos en los que yo me muevo no hay fiestas; o si las hay, nunca me han invitado) realmente venden cuatro libros y gracias. Que los críticos les ponen por las nubes y consideran sus novelas «imprescindibles» pero que, si apartas la cortina de glamour y falsedad que envuelve ese mundo, solo hay miseria.

El propio Olmos, con su página en la Wikipedia, su docena de novelas publicadas y todos sus galardones, no vive de sus libros.

Es muy difícil vivir de la escritura, pero resulta algo más fácil vivir de la literatura. Es complicado, pero se puede. Conozco casos. Escritores que no son famosos, de cuyos nombres nunca habrás oído hablar (salvo que participes en el mismo microcosmos que yo) pero que sin embargo han logrado hacerse un hueco. Imparten talleres, compaginan sus novelas con cursos, con autopublicación, con redacción de informes editoriales, con colaboraciones.

Yo también lo intenté. Impartí cursos, me adentré en esa casa de locos que es la autopublicación con Amazon, edité textos y realicé informes editoriales. Incluso se podría decir que logré vivir durante varios años «de la literatura» mientras trabajaba como traductor y lo compaginaba con la publicación de mis novelas. Que dan dinero, sí; más del que yo esperaba, pero menos de lo que casi todo el mundo fuera del panorama literario asume. Dinero por los adelantos editoriales y por las ventas directas, pero también por los derechos de traducción y por los audiolibros.

Sumándolo todo, no da para vivir. Vamos, ni por asomo.

Dejé las traducciones y ahora tengo un trabajo de los que los escritores llaman con cierta sorna «alimenticios». Consiste en ir a un sitio y hacer cosas y luego volver a tu casa a dedicarte a lo que te de la gana; escribir, leer o lo que te apetezca.

Quizá ya no pueda dedicar tantas horas a mis historias, pero me siento libre. Ya no necesito luchar por venderme, por publicar más, por existir en las redes sociales, por «ser visto».

Algo de eso queda, por supuesto. Sigo queriendo dar a conocer mis novelas y sigo queriendo tener lectores; porque para mí, la escritura sin lectores no tiene sentido y porque quiero que para mi editorial —las personas que han apostado por mis libros— publicarme siga teniéndolo.

Pero ya no necesito que todo este proyecto vital al que llevo décadas consagrado sea sostenible. Ya no necesito hacer «que funcione». Puedo escribir lo que quiera y cuando quiera, espoleado solo por mis propias expectativas.

Cobrar una nómina a fin de mes, todos los meses, está muy bien. Ser autónomo es horroroso: Hacienda, el gestor, las declaraciones trimestrales, la búsqueda constante de clientes, la sensación de que siempre estás trabajando, de que no tienes bajas, ni vacaciones, de que si estás enfermo allá te apañes. Tienes la sensación constante de que estás perdiendo tu tiempo, de que podrías hacer más. No dejas de rumiar ideas peregrinas para monetizar webs y canales de blog, todo el rato frustrado porque no consigues que tu cuenta de Twitter funcione o porque quieres montar un Patreon o un Kickstarter, o porque no te llaman de nosedónde o para hacer nosequé.

Cuando no te dejas dominar por el miedo y la ansiedad, quizá no tengas tanto tiempo para escribir, pero escribes mejor.

Piensas en lo que quieres contar y no en cómo lo vas a vender.

Piensas en lo que quieres hacer y no en lo que se espera que hagas.

Caitlín R. Kiernan, una de mis escritoras favoritas, vive de la escritura y se siente miserable. Quizá no la conozcas, pero te puedo asegurar que ha alcanzado con creces el éxito literario que muchos estamos buscando. Aun así, tiene que publicar un nuevo relato todos los meses porque depende de las contribuciones de sus mecenas y a veces necesita pedir dinero para pagar una operación a su gato o una visita al dentista.

Así que este es mi consejo de hoy: deja de pensar en vivir de la escritura y busca un trabajo que te permita escribir. Organiza tu vida para sacar un poco de tiempo todos los días para escribir lo que te gusta. Seguirás teniendo que sacrificar cosas, porque el tiempo es finito y escribir es difícil, y publicar lo es aún más.

Pero si eliminas el dinero de la ecuación, todo se volverá más fácil, menos estresante, y quizá entonces por fin empiecen a salirte las cuentas.

Y luego ya, si algún día resulta que «pegas el pelotazo», pues eso que te llevas.

2 comentarios

  1. Muy sincero y real. Gracias por compartir tu experiencia. He leído de estos casos en muchos foros pero pocos se animan aún a decirlo en voz alta. Algo que también es real es el tiempo. Si en los 20s – 30s no logras un trabajo estable o una carrera sólida luego se te hará más difícil el mundo laboral. A la escritura se puede entrar 30s – en adelante y estas llenos de experiencias.

    1. Muchas gracias por tu comentario, Hassel. Lo que sugieres me parece muy pragmático, y además es cierto: resulta muy difícil empezar una carrera laboral a partir de cierta edad. Yo creo que casi todo en la vida es compatible con la escritura, siempre y cuando estemos dispuestos a hacer el esfuerzo.
      Un abrazo.

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