Cinco estrategias esenciales para escritores, por Roy Peter Clark

 

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Hace no mucho hablábamos aquí de un consejo de Roy Peter Clark sobre buscar lo específico en la escritura. Hoy vamos a analizar otras cinco de sus recomendaciones incluidas en su libro Writing Tools: 50 Essential Strategies for Every Writer. Cinco de cincuenta, las que me han parecido más curiosas y originales.

Vamos allá.

1# Varía la longitud de los párrafos

«El párrafo representa una unidad de pensamiento, no de longitud» dijo el lexicógrafo H. W. Fowler. Es decir, que todo aquello incluido en un párrafo debe de girar en torno a la misma idea, o a una consecución de ideas relacionadas entre sí. Si os dais cuenta, esta definición permite a un escritor dividir un párrafo en dos o en tres. Lo que no se puede hacer nunca es juntar dos párrafos con ideas distintas en uno.

Los párrafos son una pausa para que el lector descanse un poco y reflexione sobre lo que acaba de leer. Por eso las novelas de párrafos muy largos se perciben como más pesadas que aquellas con párrafos más cortos. Sin embargo, una novela escrita exclusivamente con párrafos muy cortos empieza siendo muy «dinámica», pero cansa enseguida.

 

Por esta razón, Clark propone ir alternando la longitud de los párrafos siempre que sea posible. Además, con esto se pueden crear efectos interesantes (sin abusar, como siempre). Por ejemplo, un párrafo muy largo seguido de otro muy corto —quizá una sola frase— hace que este último tenga más impacto.

2# Afina tu voz

Hemos hablado de esto antes. Un escritor logra tener una voz reconocible (si es que lo logra alguna vez), después de mucho esfuerzo y muchas palabras escritas. Yo creo que es un poco como encontrar una verdad oculta en ti, algo que de pronto te identifica sin que hasta entonces te dieses cuenta.

La voz puede fingirse y puede impostarse. ¿Cuántos de nosotros no hemos escrito una historia recurriendo a las ampulosas descripciones de H. P. Lovecraft, por ejemplo? Pero no es lo mismo y se nota. Ahora bien, lo de la voz del escritor no es cosa de magia. Aunque no hay atajos para conseguir una, hasta cierto punto puede analizarse el modo en el que está compuesta.

Roy Peter Clark ofrece unas cuantas preguntas para descubrir la voz de un escritor, cosas como el nivel del lenguaje, el tipo de narrador utilizado, las alusiones (eruditas o de clase baja), la frecuencia en el uso de las metáforas o la longitud de las frases.

El consejo de Roy Peter Clark es que leas tus relatos en voz alta, y compruebes «si suena como sonarías tú». A mí esto no me acaba de convencer (leer en alto es muy útil, pero para otras cosas). Mi consejo, en cambio, es que una vez descubras un ejemplo de tu narrativa con el que estés satisfecho, lo analices y pienses en cómo podrías volver a recrearlo. Así, poco a poco, irás construyendo tu propia voz.

3# Pon cosas extrañas e interesantes una al lado de la otra

Yuxtaposición irónica. Esa es la expresión utilizada para interrelacionar dos cosas muy dispares. El efecto que se crea es siempre interesante, y se puede aplicar a todos los géneros literarios. Clark nos llama la atención sobre cómo los fotógrafos usan esta herramienta con detalles visuales, como un gigantesco luchador de sumo sosteniendo entre sus brazos a un bebé. También nos ofrece diversos ejemplos: desde el uso de un saco de azúcar utilizado como arma homicida, hasta una yuxtaposición entre el sexo entre anélidos y su contrapartida humana.

Un uso muy interesante de la yuxtaposición irónica tiene lugar en las metáforas. Clark da un ejemplo de T. S. Eliot:

 

“Déjanos marchar a ambos,
cuando el atardecer se derrame contra el cielo
como un paciente anestesiado sobre una mesa de operaciones.”

 

La traducción es mía y el original sin duda suena bastante mejor que esto, porque reconozco que como metáfora no es gran cosa. Aprovecho para decir que hace unos días leí una discusión entre escritores sobre un decálogo en el que se recomendaba no usar metáforas ni símiles. A mí esto me parece una estupidez. Igual es porque amo las metáforas, y eso que sé muy bien que en manos de un escritor torpe son más peligrosas que una granada. Quizá de ahí venia la recomendación de ese decálogo. Pero si me prohibiesen utilizarlas, creo que simplemente dejaría de escribir. Voy a tope con el equipo de Ray Bradbury. Mis relatos son campos de minas, y seguro que la cago más de una y de diez veces. Pues kaboom.

4# Añade regalos a lo largo del camino

Se habla mucho de cómo escribir un buen principio (yo lo hice aquí), y también de cómo escribir un gran final que deje al lector satisfecho, pero no se suele prestar tanta atención a todo lo que pasa a lo largo de la novela.

Clark habla de incluir regalos (monedas de oro, dice él), a lo largo de la lectura, una forma de recompensar al lector por ir avanzando en la trama. El regalo puede ser cualquier cosa. Puede aparecer en forma de anécdota, de un hecho sorprendente, o de una cita fantástica. Por ejemplo: «La mayoría de los cowboys de verdad que conozco, llevan ya un tiempo muertos».

Clark también dice que este es un problema que se encuentran con frecuencia los periodistas. Si han redactado una parte muy buena, el editor les pedirá que «la pasen al principio». Y, por tanto: «Mover al principio las partes buenas puede hacer honor al material, pero deshonrar la historia».

Supongo que la idea es alternar escenas, conflicto y resolución, historia y explicación, descripción y acción. Si tenemos cuatro o cinco escenas muy buenas por la razón que sea, quizá sería el momento de considerar repartirlas a lo largo de toda la novela, en lugar de concentrarlas en el tramo final.

5# Juega con las palabras, incluso en las historias más serias

Clark dice: «Escoge palabras que el escritor promedio evite, pero que el lector promedio entienda». También dice que el vocabulario que emplea el típico escritor es más limitado que el vocabulario que conoce un lector promedio. A mí esto me parece una idea grandiosa, y espero que sea verdad.

¿Por qué? Pues quizá porque muchos escritores aconsejan utilizar un lenguaje muy simple, tan simple como sea posible. Y en parte es un buen consejo, y en parte no, como suele pasar a menudo. Porque da la impresión, leyendo algunas cosas que se han escrito durante estos últimos diez años, de que el vocabulario en la novela de calidad media se ha ido empobreciendo a pasos agigantados. Y quizá eso haga la lectura algo más fácil, pero también se pierde mucho en el proceso, y no creo que el sacrificio merezca de verdad la pena.

Hay una diferencia fundamental entre poner una palabra muy extraña porque queremos pasarnos de listos, y poner una palabra muy simple aunque no sea la palabra adecuada. 

Os voy a contar uno de los secretos mejor guardados de nuestra lengua: los sinónimos son mentira, no existen, es todo un complot de la RAE. No hay dos palabras exactamente iguales, dos palabras que signifiquen lo mismo. Cada una tiene su connotación, aunque sea pequeña, su trasfondo y, lo que aún se tiende a olvidar con más frecuencia en la prosa, su sonoridad y su musicalidad.

Escribir bien requiere  usar palabras complejas de vez en cuando y no pasa nada. Ningún lector se va a  escandalizar y va a salir huyendo por eso.

* * * *
¿Y a vosotros? ¿Os han parecido útiles estos consejos? Si os ha gustado esta entrada, os estaría muy agradecido si pudieseis compartirla a través de las redes sociales.  

Fuente de la primera imagen: https://pixabay.com/es/bloc-de-notas-l%C3%A1piz-pluma-papel-771599/

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12 comentarios

  1. ¡Hola!
    Son tremendamente útiles estos consejos, y originales. Estoy muy de acuerdo con que el lenguaje de las novelas parece que se esté empobreciendo, y es una pena porque gran parte del atractivo de ser un lector voraz es el vocabulario que asimilas sin darte cuenta. Y lo de ir dejando regalos por el camino, qué quieres que te diga, qué maravilloso es ese momento en que te enamoras de una frase y la lees varias veces, buscas un lápiz para apuntarla en alguna parte y memorizas la página para poder volver a ella…
    Muchas gracias por tan buen artículo.
    Saludos

  2. Muy buena serie de estrategias. Aunque creo que jamás podré adaptarme a un párrafo por línea de pensamiento, y pienso que leer tu propia voz es como intentar descubrir como suena nuestra voz a los demás, aunque nos grabemos nos suena raro.

  3. Hola Carmen. ¡Muchas gracias! Pues sí, a mí también me gusta aprender palabras nuevas a medida que voy leyendo. Y ya con el Kindle, que no tienes ni que moverte a por el diccionario, es una pasada. Lo mismo me pasa cuando en mitad de una novela me encuentro con algunas frases que, sencillamente, son perfectas. Uno acaba por descubrir que el placer de la lectura no se limita a avanzar en la historia que nos están contando, sino que se encuentra en esos pequeños detalles.
    Un saludo.

  4. Muchas gracias. Lo de la voz del escritor es un asunto que trae mucha cola. A mí en particular no es algo que me preocupe demasiado. Es más bien algo para que un editor se entretenga buscando en los manuscritos y un lector decida comprarse una segunda novela del mismo autor. Todos tenemos una voz en todo aquello que escribimos, ya sea más impostada, más neutra o más original. Pero sí, yo también creo que leer nuestra propia voz puede resultar un tanto raro.
    Por cierto, mola tu blog. Me quedo por ahí 🙂

  5. Muy buenas, en efecto.

    El problema para el escritor es que son tantas las estrategias que debe utilizar a lo largo de una novela, que es imposible estar pendiente de todas ellas. Supongo que estas dificultades se corrigen con la práctica. Es un poco como conducir. Al principio parece que si tienes que pisar el embrague, no puedes ocuparte del resto de los mandos del coche. Luego mecanizas y conducir se convierte en un acto natural para tu cuerpo, que realiza cada tarea sin necesidad de que el cerebro la piense de forma consciente.

    Vaya párrfo largo que me ha salido… Mejor voy empenzando ya el final 😉

    Felicidades por el artículo y por los enlaces de recuerdo a otros tan interesantes como éste.

  6. Eso es. Yo soy más de dejar que las cosas calen. Si nos obsesionamos con las “reglas” o con los consejos corremos el riesgo de no hacer nada por miedo a hacer algo mal. Hay mucha información que en realidad ya sabemos y que aplicamos de forma intuitiva. Sin embargo, sistematizada, puede ayudarnos a descubrir algunos fallos y vicios. Y por tanto a mejorar.
    Cuando uno está en mitad de una sesión de escritura, bastante tiene con encadenar una palabra detrás de otra.
    Muchas gracias y un abrazo.

  7. Hola. gracias por el post, muy útil ^^

    "Porque da la impresión, leyendo algunas cosas que se han escrito durante estos últimos diez años, de que el vocabulario en la novela de calidad media se ha ido empobreciendo a pasos agigantados. Y quizá eso haga la lectura algo más fácil, pero también se pierde mucho en el proceso, y no creo que el sacrificio merezca de verdad la pena".
    pues sí. yo soy de la opinión de usar el vocabulario que haga falta y cuando haga falta. es parte de la esencia de la literatura. yo lo hago por el realismo que implica y también porque un libro debe ser algo donde el lector con inquietudes pueda aprender, nuevas palabras en este caso. a mi me pasa, al menos.

    supongo que todas estas estrategios, el genio las tiene dentro intrínsecamente y sólo tiene que escribir. el resto de los mortales tendremos que estar atentos estos consejos (y a otros muchos). aunque bueno, algunos ya los llevemos intrínsecamente también.

    un saludo! 😉

  8. Hola Aydim. Muchas gracias a ti por pasarte y comentar.

    En lo de las palabras coincido, y eso que yo no suelo ser demasiado enrevesado y tiro muchas veces por la palabra más fácil. También es un poco cuestión de estilos, pero no usar la palabra correcta por miedo a que el lector nos coja miedo me parece absurdo. Hoy día es mucho más fácil y rápido consultar un diccionario que hace quince años. Lo mismo ocurre con las referencias a otras obras, personajes, y un largo etcétera.

    En cuanto a lo de si las estrategias son innatas o deben aprenderse, cada escritor es un mundo. Yo las tomaría como recomendaciones, como cosas sobre las que reflexionar. Opino que cada palabra que escribimos debe estar ahí por un motivo, y a veces el cerebro (y el cansancio, escribir bien es muy difícil y bastante agotador) nos juega malas pasadas, llevándonos a aplicar prácticas no muy recomendables.

    Ahora estoy releyéndome “El Club de la Lucha”, esta vez en versión original, y me he dado cuenta de que Palahniuk abusa mucho de los párrafos de una sola línea. Están por todas partes. Me sigue pareciendo una gran novela, pero para que eso te funcione tienes que ser Palahniuk (y aun así me parece que se excede). En cualquier caso, lo que es cierto es que no hay ninguna norma escrita a fuego.

    ¡Un saludo!

  9. Soy consciente de lo agotador que es leer párrafos largos, ¡pero es que me cuesta horrores diseccionar el texto de manera apropiada! Es interesante lo que comentas acerca de modificar su longitud para conseguir determinado efecto.

    Confieso que yo también he caído en el error de emular a mis escritores favoritos. Me imagino que esto se parece un poco a aprender a dibujar: al principio copias mucho (sobre todo a artistas que admiras) y finalmente vas encontrando tu propio estilo.

    Ah, y que sepas que yo también soy un firme defensor de las metáforas. El problema es que existen algunas que jamás debieron publicarse. La trilogía de E. L. James contiene numerosos ejemplos: “su voz es cálida y ronca como un bombón de chocolate y caramelo”.

    Es una gran idea lo de recompensar al lector a lo largo del libro. Lo de intercalar las escenas que consideramos “buenas” es una solución, pero si se ejecuta pobremente puede tener consecuencias nefastas (como que ninguna de las escenas resulte tan intensa y espectacular como imaginábamos).

    Una conocida me dijo que, para no pasarse de listo, había que usar sólo un vocablo pedante/culto una vez en todo el libro. No sé hasta qué punto tiene razón.

    Gracias por esta magnífica entrada.

    PD: ¡He conseguido estructurar el comentario en párrafos!

    1. ¡Hola, Oliver! Con lo de los párrafos se puede decir que creo con firmeza lo que dice Clark de que un párrafo equivale a una idea. Se puede dividir una idea en múltiples párrafos, pero no introducir más de una idea en el mismo párrafo (al menos como norma general, luego ya se sabe que en todo hay excepciones).
      Por otro lado, también depende del ritmo que le quieras imprimir a un pasaje. En general, la alternancia entre párrafos largos y cortos favorece una lectura ágil pero equilibrada. Yo no pienso demasiado en esto hasta la fase de revisión. Cuando releo, el texto es como una partitura: si hay un fallo en el “tempo”, por decirlo así, me suele saltar a la vista.
      En cuanto a las metáforas, sé por qué algunos recomiendan evitarlas, y es precisamente por eso, porque es muy fácil cagarla. Pero en fin, creo que en este caso los beneficios superan el riesgo. Las metáforas son parte de mi estilo y uno de las primeras cosas que siempre identifico en un escritor; una herramienta de juicio para saber si me gusta o no.
      ¡Un saludo!

  10. Vuestro artículo es ágil, util y contiene verdades que se utilizan en los textos.
    La voz se adquiere por la práctica. Tener algo que decir y escribirlo..leer mucho y documentarse.
    Como bien dice el aserto de Bradbury: escribe tanto como puedas, algo saldrá bien .
    La manera como narramos es sentirse cómodo y poder llevar la escritura a lo largo del texto a un mismo ritmo.
    Como un corredor que conoce el largo de su zancada.
    Un saludo

    1. Buenas, José Luis. Yo también creo que es cierto, la voz se logra tras la práctica, como muchas otras cosas. Estoy totalmente de acuerdo con Bradbury. Un saludo.

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