Por qué deberías comprarte un loro para documentar tu novela

documentación

Hace unos meses tuve un problema: Quería escribir algo sobre un periodista de guerra, pero no tenía ni idea de por dónde empezar.

Había leído que hoy día la mayoría de los periodistas de guerra son freelance y cobran por crónica. Los periódicos, que llevan años en crisis, les pagan una miseria por jugarse el tipo todos los días delante de las balas.

Pensé: «Ahí hay una historia cojonuda». No solo porque el personaje sea interesante, sino porque la idea puede conducir a una reflexión aún más interesante sobre la manipulación informativa, la percepción de lo extraño desde el punto de vista occidental, la precariedad laboral y la sociedad en la que vivimos.

Dejé el borrador a medias y me puse a investigar. Lo cierto es que aprendí unas cuantas cosas sobre el tema: la forma en la que los periodistas cruzan la frontera de Turquía a Siria, por ejemplo, o la necesidad de encontrar un fixer en la zona. Algunas de las crónicas de estos periodistas son bastante exhaustivas y reflejan en buena medida su propia experiencia, y hay foros y otra información muy interesante en Internet.

Cuando llevaba una semana investigando, me paré a reflexionar sobre el material que había acumulado. Me di cuenta de que lo que quería hacer, tal como lo quería hacer, era imposible.

Necesitaba una fuente de primera mano a la que preguntar. Sentarme con un periodista de guerra y un par de cervezas (o whiskey, o gasolina, o lo que sea que beba esta gente) y hacerle preguntas. El motivo principal es que yo estaba interesado en todo aquello que ocurría antes de entrar en la zona de conflicto: los preparativos, el material, los permisos, la ansiedad, la excitación, el miedo… En fin, habilidades que da el oficio y cosas que no suelen aparecer en las crónicas.

¿Pero cómo consigo yo entrevistarme con alguien así?

Esto, me parece, se hace echándole morro al asunto y enviando emails pidiéndole a la gente, siempre con mucha educación, que te eche una mano. Y si hubiera tenido una trayectoria literaria algo más sólida quizá habría hecho algo por el estilo. En lugar de eso abandoné el manuscrito (que ahí sigue, con sus 50.000 palabras) y pregunté a mis amistades de Facebook, la mayoría de ellos escritores, cómo se habían enfrentado a este problema y si habían encontrado mucha resistencia abordando a los profesionales a puerta fría o solo recurrían a conocidos.

Pensé: «Quizá de aquí no salga una novela, pero con suerte puede salir un buen artículo con unos cuantos novelistas invitados que nos revelen cuáles son sus técnicas para buscar fuentes de primera mano».

¿Sabes lo que ocurrió? Exacto.

rastrojo

Una consulta fallida de Facebook no tiene por qué significar nada. Cuando uno echa un vistazo a la sección de agradecimientos de una novela, algunos escritores dicen haber recurrido a forenses, jueces, policías, montañistas y otros profesionales de ramas muy diversas.

Sin embargo, me da la impresión de que esto cada vez es menos habitual, y quizá la culpa la tiene Internet y las facilidades que ofrece para  buscar información a golpe de clic.

A partir de esta idea, he pensado que sería interesante publicar un par de artículos sobre el proceso de documentación en general, así que durante las próximas semanas hablaremos de fuentes directas e indirectas, de fiabilidad y de cómo discriminar y organizar la información de un modo sistemático. Hasta te voy a proponer un método para que las notas que vas tomando no se pierdan en el limbo.

Hoy, sin embargo, me conformo con convencerte de que la documentación de una novela sigue siendo una de las partes más importantes del proceso, y que no debemos ser perezosos o descuidados con ella.

 

La documentación del escritor novel y digital

 

No sé si te has dado cuenta, pero la labor de documentación de una novela o relato suele ser de todo menos metódica. El asunto viene a funcionar así:

1. El escritor hace unas cuantas de búsquedas de Google antes de ponerse a escribir, con el objetivo de inspirarse y de valorar la viabilidad de su idea original.

2. Durante la fase de redacción del primer manuscrito, el escritor interrumpe el flujo creativo para buscar algunos datos más (de nuevo en Google). Son cosas como el calibre de un arma, la distancia que separa San Petersburgo de Varsovia, o el modelo de los coches de policía de Ámsterdam.

3. Durante la fase de revisión, el escritor coteja los datos que recabó antes, salpica el manuscrito con algunos más (que, por tercera vez, obtiene de Google), y da el tema por terminado.

Quizá conoces la anécdota del loro de Flaubert. Para escribir su relato Un coeur simple, Gustave Flaubert disecó un loro y lo colocó sobre su escritorio durante un mes, con el fin de poder tomar apuntes del natural. El escritor se cansó de ver el maldito loro todos los días, pero se mantenía estoico, y decía: «¡No importa! Lo conservo para que mi alma se llene de loro»[1]

Piénsalo bien. ¿Cuándo fue la última vez que disecaste un loro antes de ponerte a escribir una novela?

 

Por qué a veces Internet nos perjudica cuando buscamos información

 

El ejemplo de Flaubert es algo exagerado, pero igual estás de acuerdo conmigo en que antes de Internet los escritores se documentaban más y mejor.

La sensación —falsa, falsísima— de que podemos acceder a toda la información necesaria a través de nuestro navegador nos ha transformado en criaturas perezosas. Permitimos que unos cuantos tipos de Mountain View (California) nos vengan a decir qué es lo que resulta relevante para la mayoría, y el problema es que todos los escritores acaban visitando las mismas páginas. La Wikipedia, y otras webs del estilo pueden estar bien para tener una visión general sobre un tema, pero además de los errores en los que incurren algunos artículos, una enciclopedia debería ser solo la primera parada del camino.

También hay que admitir que, en otras cosas, Internet ha sido una bendición para los escritores. El novelista puede pasear hoy por las calles de cualquier ciudad del mundo a través de Google Maps, detenerse frente a una cafetería y tomar nota del horario de apertura, de las comidas que ofrece y de su precio. ¡Y quizá hasta consiga algunos rasgos para caracterizar al camarero a partir de las críticas de Tripadvisor! Hace poco yo mismo recorrí la playa de Patong en Tailandia a través de Internet y gracias a este tipo de recursos pude escribir un relato.

Un documental en La 2 o una guía de viajes no me habrían permitido acceder a todos los rincones, a los blogs de trotamundos y a las crónicas de viejos periódicos que yo necesitaba para contar la historia que quería contar.

 

Qué estamos buscando

 

Claro que, si nos ponemos así, habría sido mucho mejor coger un billete y pirarme unos días a Bangkok o a Phuket.

No es tan descabellado, ¿o sí?

Vale, quizá lo sea un poco. Sobre todo si, como la mayor parte de los escritores, no tienes ni para pagarte el burbon y los cigarrillos. Para que nos entendamos: lo único que quiero establecer aquí es una especie de gradación cualitativa de la información, que podría ser algo como lo que sigue.

  1. Información basada en la propia experiencia.
  2. Testimonios de primera mano.
  3. Testimonios de segunda mano, recopilaciones.
  4. Obras especializadas.
  5. Obras de carácter generalista.
  6. La Wikipedia.

En esta lista la calidad de la información está graduada en función de su distancia a la experiencia en sí. Me parece el mejor criterio para obras de ficción, que es de lo que estamos hablando. Para libros de no ficción o para obras históricas, por ejemplo, la lista que he propuesto arriba no tiene sentido, pero en novela y en relato lo que prima es la experiencia y las sensaciones, y este es el contenido que estamos intentando rescatar lo más intacto posible.

Aunque esté estableciendo una diferencia de calidad, estas fuentes no son excluyentes entre sí; son complementarias (si buscamos un dato muy específico o más “formal”, un manual sobre cómo debe actuar un agente del FBI puede ser más útil que el testimonio de primera mano de un agente del FBI).

Esto no quiere decir que no podamos escribir nada que no hayamos experimentado, porque sería absurdo. Lo único que quiere decir es que tanto la calidad como la cantidad de la información que recabemos para una obra literaria importan, y mucho. Y al ser la escritura de ficción un arte centrado en lo introspectivo y en la reflexión, también es importante entender que la documentación no es solo el dato suelto, también el aprender a recopilar y a disponer del bagaje emocional y la experiencia de cada cual. Como ya he comentado en alguna ocasión, para mí la documentación no es una forma de complementar la historia o de enriquecerla. La documentación es la historia.

A partir de aquí, cada uno llega hasta donde puede y la imaginación hace el resto.

 

Cómo documentar bien una historia

 

¿Cómo sé si una fuente es fiable? ¿Cómo puedo organizar la información de forma que pueda acceder en cada momento al dato que necesite? ¿Hay obras que necesitan más documentación que otras? Pues precisamente de todo esto es de lo que hablaremos durante las próximas semanas.

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* * * *

Esta semana también publico uno de mis artículos sobre narrativa de terror en la web Ateneo Literario. En esta ocasión la cosa va de los factores que ha de tener en cuenta un escritor a la hora de elegir el escenario para una de sus historias de terror, y de cómo el escenario ayuda (o no) a favorecer esa sensación de aislamiento que estamos buscando. Si quieres leerlo, haz clic en la imagen:

terror-aislamiento

[1] Delgado, G., Cómo documentar tu novela, 2002. No he encontrado la anécdota en ninguna otra fuente, así que cabe la posibilidad de que sea espuria.

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13 comentarios

  1. Leyéndote creo que hace falta una plataforma donde poder encontrar fuentes de documentación. Los periodistas, por lo menos en Estados Unidos, tienen algo así. Publican lo que necesitan en sus plataformas y los seguidores que encajan en eso se ofrecen como testimonios y demás.

    Estaría bien tener algo parecido para escritores donde pudiéramos tener acceso a perfiles de “asesores literarios” como arquitectos, policías, forenses, médicos o lo que sea.

    1. Hola, Clara. Pues es una idea fantástica. Al final este tipo de documentación se consigue a través de contactos, y si las redes sociales están precisamente para facilitar este tipo de cosas ¿por qué no una red social especializada para que diversos profesionales se ayuden entre ellos con las labores de documentación? Hasta donde yo sé, todavía no existe nada así. Lo más parecido es Quora, pero habría que ir un paso más allá. Si alguien monta algo así, yo me apunto el primero.

  2. ¡Me ha encantado tu entrada! Peco bastante de friki de la documentación, de las que son incapaces de seguir escribiendo si se ponen a buscar un dato, por muy absurdo que este sea, hasta que lo encuentran. Creo que nunca se documenta uno lo suficiente y que tienes toda la razón al decir que lo mejor siempre es vivir las cosas en primera mano, o por lo menos contactar de alguna manera con alguien que lo haya hecho.
    Espero impaciente esas entradas sobre documentación de las próximas semanas. ¡Felicidades de nuevo por el artículo!

    1. ¡Muchas gracias, Elena! Me alegro de que te haya gustado el artículo. Es extraño, porque pocas veces te vas a encontrar un artículo sobre documentación en un blog de técnicas literarias. O bien no interesa, o bien asumimos que estamos haciendo bien el trabajo y que no necesitamos ninguna ayuda. Sin embargo, para mí la documentación (tal y como yo la entiendo, en un sentido amplio) es una de las claves para poder presentar una buena obra de ficción y creo que uno de los aspectos más descuidados en la narrativa de los últimos años.
      Espero que las próximas entradas estén a la altura de las expectativas 🙂
      ¡Un saludo!

  3. Tienes toda la razón al decir que Internet nos ha vuelto flojos. En ciertas ocasiones no nos queda más opción que recurrir a recursos electrónicos. Yo por lo menos no tenía dinero para ir a Canadá a ver la aurora, por lo que no me quedó más opción que buscar videos en Youtube. Puede que para esto baste un simple video, pero hay otras cosas que es preferible investigar de primera mano.

    En este momento estoy haciendo una serie de entradas sobre los detalles técnicos de las peleas y una de las recomendaciones que pienso dar al lector en todo momento es que busque alguna forma de obtener experiencia de primera mano. Si quiere escribir una escena de combate mano a mano, estaría bien que buscara algún dojo o centro de entrenamiento en su localidad para que al menos viera los movimientos de los combatientes; mucho mejor si entrena con ellos, aunque sea por un par de clases para entender la mecánica del estilo.

    Si nos limitamos solo a lo que aparece en Internet y lo que nos muestra Hollywood, corremos el riesgo de meter mucha información falsa en la novela.

    Muchas gracias por esta entrada.

    1. Hola, Ana. Pues precisamente yo estaba pensando en hablar de las peleas también, porque es una de las cosas peor documentadas con las que me encuentro, sobre todo en novelas de fantasía. Tengo una experiencia (mínima) en kendo y también en arqueología militar, y en los duelos de espada suelo ver cosas que “cantan” todo el rato. De todas formas he estado mirando las entradas de tu blog y casi que me lo voy a ahorrar, porque son fantásticas. Me las apunto para recomendarlas.
      ¡Muchas gracias por tu comentario!

    2. Muchísimas gracias. Justamente comencé a hacer esa serie porque estaba harta de ver personajes que desenvainan una espada larga que llevan a la espalda, o de espadas normales que cortan armaduras de un solo tajo.

      Por no hablar de las mujeres que pelean «como si bailaran».

      ¡Un saludo!

  4. Hola, Víctor! Excelente entrada, como todas las que nos regalas.
    Si hay algo que me encanta es leer novelas bien documentadas, que me dejan pasmada pensando de dónde han sacado tanta información, y que de paso me enseñan lo que no sé.
    Coincido plenamente, y aparte de Quora, sería interesantísimo tener algo a mano como lo que propone Clara. Sin dudas, muchos estaríamos atentos a toda esa información de asesores literarios en diferentes ramas, que nos vendrían de maravillas para argumentar con fidelidad las novelas, los relatos, etc.
    Espero también tus próximas entradas.
    Un abrazo, y gracias!

    1. ¡Gracias a ti, Poli! Lo bueno es que todos nosotros, además de escribir, tenemos una formación o experiencia en algún otro campo, con lo cual nuestros conocimientos podrían ser útiles para otras personas. Una red social obviamente no, pero igual se podría montar algo. ¿Una lista de correo, un foro, un grupo de Facebook? Me parece que es una idea con muchas posibilidades…

  5. Para ciertas cosas Internet es útil, pero cada día me gusta menos documentarme con él. Prefiero los libros o bien encontrar a un especialista, aunque como ya has señalado no siempre es fácil tirar de esta opción.
    Esa lista de artículos promete, estoy segura de que a todos nos vendrán muy bien. Permaneceré atenta al correo 🙂
    Confieso que hace años no pude terminar con algunas novelas (mis años mozos) debido a que sentía que el tema de la documentación me superaba.

    1. Hola Ana. Pues en parte es de eso de lo que voy a hablar. Nos creemos que todo está en Internet y despreciamos los libros, no tanto para buscar un dato concreto que necesitamos, sino como forma de inspiración en la fase de documentación.
      Por otro lado, entiendo perfectamente lo de las novelas inacabadas. Yo también tengo alguna que abandoné por ese motivo. Desde hace tiempo tengo varios argumentos de novela histórica bosquejados con los que no puedo ponerme todavía porque sé que el proceso de documentación me llevaría varios meses a tiempo completo y me fallan las fuerzas.
      Espero que encuentres útiles estos artículos. ¡Un saludo!

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