El fin de la novela

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Hoy voy a poner en tela de juicio una cita de Michael Hirst, otro iluminado que hace un par de meses anunciaba a voces la muerte de la novela. Y lo hacía en Babelia nada menos, el suplemento cultural español por excelencia:

 

 

“La novela está muerta. Es un formato muerto. Pertenecía al siglo XIX y reflejaba la sociedad del siglo XIX. Entonces había escritores maravillosos y había que leer novelas para entender el planeta, y el amor, y la tragedia, y agrandar tu propia existencia, pero ahora que el mundo es más pequeño basta con Internet y el vídeo a la carta”.[1]
Michael Hirst

 

Hirst no es un cualquiera a la busca de sus dos minutos de fama; es el guionista de Vikings y de Los Tudor, dos series líderes de audiencia que se han ganado el favor del público y de la crítica. Tampoco es precisamente un crío: el señor Hirst tiene unos respetables sesenta y dos años, y se podría pensar que su afirmación no es fruto de un impulso, sino una opinión razonada y sustentada por la experiencia ganada tras una larga trayectoria profesional.

 

Así que, ¿está muerta la novela?

 

Ahora que se han reinventado las series de TV (¡Sorpresa!, para ello solo tenían que dar una oportunidad a los buenos guiones y no tratar al espectador como un idiota), no faltan los agoreros y los profetas mal avenidos que le escriben epitafios a la novela. Sin embargo, me temo que todos ellos están equivocados.

 

Difícilmente se han podido producir más fenómenos literarios distintos desde el año dos mil. El Código Da Vinci (80 millones de copias vendidas, ahí es nada), Harry Potter, Los hombres que no amaban a las mujeres, 50 sombras de Grey… ¿Hace falta enumerar todos los best sellers de estos quince años? Nos gustarán más o menos, serán mejores o peores, pero todo eso son novelas. Y además se venden muy bien.

 

La cita de Hirst parece incitar a la animosidad de los lectores. Con su afán reduccionista, no solo asume que Internet es herramienta más que suficiente para entender el mundo, sino que cree que la última gran novela la escribió García Márquez hace casi cincuenta años. Exacto: Hirst cree que Cien años de soledad fue la última novela que mereció la pena escribirse. Eso excluye toda la producción de David Foster Wallace, la de Jonathan Franzen, la de Michael Chabon y casi toda la de Pynchon (y si queréis ver unas cuantas novelas de los setenta que también se han quedado fuera, podéis ver este post de Excentrya para haceros una idea).

 

 
Su desafortunado comentario implica además que la calidad de las series de TV supera ampliamente cualquier obra literaria producida después de 1967. Y sin embargo, si bien había series de calidad antes de principios de siglo, Hirst se está refiriendo claramente al modelo de Los Soprano. Es decir, que o bien hemos vivido unos treinta años de decadencia cultural, o ese lugar fue ocupado por el cine, los cómics o cualquier otra cosa, parece que en régimen de exclusividad.

 

Todo esto sin entrar a discutir las series en sí, muchas de las cuales tienen su origen en novelas de todo tipo. Aunque Hirst defiende series como Juego de Tronos, supongo que los libros de George R. R. Martin no tienen ningún valor para él. El cómic en el que se basa The Walking Dead es algo igualmente obsoleto. El hecho de que montones de series como Bones, The Strain, House of Cards, Boardwalk Empire, Orange is the new black, Friday Night Lights, Dexter, Under the Dome, Hannibal, True Blood, The Unit, Gossip Girl y Sex and the City estén basadas en libros tampoco nos dice nada, ¿verdad?

 

En fin, que con las paladas de tierra con las que pretenden enterrar a la novela yo me hago una montaña. Las historias son historias, y cada medio tiene sus propias características. No existe  absolutamente nada que pueda imitar o sustituir la experiencia de leer un libro. Así que si te gusta leer tendrás que coger un libro, no hay otra. Que hoy vivamos una época dorada en la televisión no quiere decir que las series sustituyan a las novelas, ni al revés. 

 

La verdad es que siempre que aparece un formato nuevo surgen voces que anuncian el fin de la literatura. Éstas son palabras del mismísimo Julio Vernehace más de un siglo (y aquí hay hasta treinta y dos más del mismo estilo, por si os interesa):

 

“Las novelas serán suplantadas por los diarios… Los escritores de prensa han aprendido a colorear los acontecimientos cotidianos tan bien que su lectura entregará a la posteridad una imagen más veraz y vívida que la de la novela histórica o descriptiva”.

 

En realidad no sé si merece la pena dedicarle tantas reflexiones a un comentario de Michael Hirst el cual, después de afirmar que las series de TV son “el mejor lugar para un escritor del siglo XXI”, dice no ver las de nadie más para que no le influyan y le acusen de plagio.[2]
 

 

Sí, es uno de esos.

 

* * *

 

¿Y vosotros? ¿Creéis que la novela atraviesa un periodo de crisis? ¿Pensáis que puede ser sustituida por las series de televisión?

 


[1] http://cultura.elpais.com/cultura/2015/03/25/babelia/1427298916_811461.html
[2] Ibid.
Fuente de la imagen: http://www.mediabistro.com//content/archives/13/02/MichaelHirst.jpg

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10 comentarios

  1. Hola, Víctor!
    En primer lugar gracias por la mención!
    Este tipo de comentarios, pues bueno, como tu dices en el artículo, con esas paladas de tierra nos hacemos una montaña y somos los escritores que subieron una colina y bajaron una montaña. Creo que todo lo que hay que decir sobre este tema lo has dicho tú, la mayoría de las buenas series modernas salen de buenas novelas o, au contraire, como pasa con Castle, las buenas series se convierten en novelas, el caso es que siguen habiendo buenas novelas. Y las habrá siempre.
    Me ha llamado la atención que Verne (tan visionario él) augurase el fin de la novela, no sé, puedo entender que la época de Verne era la de las novelas por capítulos en periódicos y publicaciones vespertinas, tal vez de ahí su comentario.
    El comentario de Hirst es desacertado totalmente pero, a veces, uno no sabe cuando dejar de hablar y le pasan estas cosas. ¿Qué va a decir una persona que hace guiones? Pues que nos dediquemos a ver la tele… Nada nuevo bajo el sol.
    En fin, este señor parece que no se ha enterado que la mejor película de la historia está basada en una novela, igual habría que refrescarle la memoria.
    Un saludo, Víctor, muy buen artículo.

  2. Una entrada excelente, como ya es habitual en ti. He leído algunas de las 32 opiniones que enlazan tu artículo. Mi opinión como simple lector de a pie es que, quizás con el tiempo, el formato novela clásico mute a algo como lo mencionado, series, cine, más audiovisual, más mediático. Por cuestión de brevedad y economía de tiempo para los consumidores, entre los que me incluyo. Cuando no había tele o no había tanta oferta, los niños de aquel entonces, jugábamos y leíamos bastante. Luego, dando un salto en el tiempo, surgió el dilema, o eres más de tele o internet. Ya implicaba estar delante de una pantalla. Las pantallas como dice Stephen King, son el pezón de cristal, son adictivas…no requieren ningún esfuerzo excesivamente “intelectivo”, es un dejarse llevar, cómodo, hasta cierto punto apático, la caja tonta que piensa por ti…Se convierten en un buffet libre donde hay tanta oferta de manjares (exquisiteces y fritangas) que nos convertimos en comedores compulsivos, al igual que los antiguos romanos, un poco de todo, una indigestión de contenidos.
    Ya sabemos que si se hace un post muy largo nadie lo lee, siempre hay excepciones, somos consumidores de lo inmediato. En el tiempo que tarda en leerse “Guerra y paz” ¿Cuántas series de calidad podemos ver? Y todos los autores emergentes, indies, clásicos, amigos del facebook, del twitter, de blogs, etc…Hay mucha vida en otras pantallas, que forman parte de la nuestra, y poco tiempo para atenderla toda. A veces nos convertimos en el conejo de Alicia.
    Me estoy yendo por las ramas. Con toda esa variedad de oferta, no creo que la novela como tal vaya a morir, pero sí que es probable que con el tiempo se extracte, se deshidrate, se vuelva más "light", o de alguna manera se convierta en algo(no sé qué, ni como se llamará) que consuma el menor tiempo posible.
    Saludos.

  3. ¡Hola Jaume! El comentario de Julio Verne me recuerda a todos esos que hace treinta años pensaban “¿para qué diablos quiere la gente ordenadores personales?”. Lo cierto es que es muy difícil predecir el futuro (y Verne lo hizo bastante bien, dadas las circunstancias, por eso a mí también me sorprendió que fuera él el que dijera algo así). Por ejemplo, nos dijeron que con la mensajería instantánea el correo electrónico iba a desaparecer, y aquí estamos.

    El caso de Hirst me parece más grave: el tío tiene un doctorado en literatura, con una tesis sobre Henry James. Supongo que está buscando carnaza y discusiones, que queda muy bien decir cosas así en Babelia, en plan click-bait, pero al final uno acaba harto de tanto tremendismo.

    ¡Un saludo y gracias por leerme! Y por cierto… ¿cuál es la mejor película de la historia, que me has dejado con la intriga? 🙂

  4. ¡Hola Q. M.! Muchas gracias por comentar. Creo que llevas mucha razón. Eso sí, lo de intentar convertir la novela en una experiencia interactiva y multimedia es algo que se lleva intentando unos años, pero no estoy seguro de que realmente sea el camino a seguir. Es difícil que hoy vuelvan a ponerse de moda las aventuras conversacionales, más allá de Japón, y no sé muy bien si las apps de Poe y de Shelley son un éxito o realmente tienen muchos clientes potenciales. Como bien dices, ahora se lee mucho menos que antes, incluso nosotros, que nos gusta leer, porque hay muchas otras ofertas de ocio que requieren menos esfuerzo. Es imposible vivir completamente al margen de las tendencias de la sociedad y, al menos para mí, resulta muy agobiante estar al día de todo.

    El ejemplo que pones de “Guerra y Paz” es sintomático. Yo creo que los lectores siguen queriendo leer libros. Simplemente, no son los mismos libros que querían leer hace cincuenta años, y mucho menos cien. Ese cambio ya se ha producido. Los libros antiguos cuestan más esfuerzo de leer, y cada vez estamos menos acostumbrados a ese esfuerzo. Nos gustan las historias rápidas, con vocabulario más simple y en las que siempre esté pasando algo. Cualquier novela de época victoriana no es así. Ahora, yo pensaba que las novellas (textos de unas 50.000 palabras) y la poesía se iban a imponer precisamente por esa brevedad, y resulta que lo que más se lee son los best sellers de 1000 páginas. Nunca se sabe.

    ¡Un saludo!

  5. Estoy de acuerdo con todo tu post y voy a comentar algo más al respecto de lo último que has dicho: hay que ver lo que hacen otros, siempre está bien aprender; además, lo importante en los tiempos que corren en los que ya está todo inventado no es lo que se cuenta, sino cómo se cuenta. Biquiños!

  6. Exacto, Cris. Y además, se supone que todo esto debería ser algo vocacional. Si escribimos es porque nos gusta leer, si este tipo hace series debería ser porque le gustan las series. Y como tú dices, el considerar que no puedes aprender nada del trabajo de los demás dice muy poco sobre tí mismo. ¡Muchas gracias por pasarte a comentar! ¡Un abrazo!

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