Las armas del escritor: El arma de Chejov

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Esta semana tenemos una colaboración especial: Guillermo Jiménez Cantón. Es la mente que se esconde detrás de Lecturonauta, un blog sobre técnicas de escritura avanzadas (algo que no es nada fácil de encontrar), y sobre aplicaciones de la psicología al ámbito de la ficción. 


El arma de Chejov es a la vez un recurso literario y un principio dramático, y en ambos casos es de los mejor valorados en la literatura.

Como principio dramático, indica que cada elemento en la narración debe ser necesario e irremplazable, o de lo contrario debe ser eliminado. 

“Elimina todo lo que no tenga relevancia en la historia. Si dijiste en el primer acto que había un rifle colgado en la pared, en el segundo o tercero debe ser descolgado. Si no va a ser disparado, no debería haber sido puesto ahí”. 

Antón Chejov
Chejov, como buen escritor de cuentos que era, sabía que tenía que reducir todo a lo esencial e imprescindible. En una narración que siga este principio, cualquier detalle que parezca irrelevante tendrá luego su debida importancia. 

Por ejemplo, en este caso el arma está literalmente colgada en la pared porque el local se llama el Winchester.
El arma de Chejov como recurso literario son esos detalles que en principio parecen o son presentados como irrelevantes, pero que más adelante resultan vitales para la trama. Puede ser cualquier cosa, desde un arma colgada en la pared de verdad, a algo que parece tan inocuo como un anillo (pero que luego te vuelve invisible).

El arma de Chejov es una forma elegante de resolver una situación sin que parezca que te la has sacado de la manga. ¡El arma definitiva para detener al villano es ese pequeño colgante que nuestra heroína recibió de la reina a la mitad de la historia!

Otra versión un poco más famosa pueden ser los zapatos rojos de Dorothy en El mago de Oz, que resultan ser la clave para volver a casa.

Sin embargo, los lectores un poco más sabios y experimentados ven venir esta clase de recursos. Ese objeto que lleva todo el tiempo en los bolsillos de los protagonistas y que no ha servido de nada durante toda la historia tiene todas las papeletas para ser vital en el desenlace, y por tanto, para algunos lectores, pierde su efecto. Por lo general querremos sorprender a los lectores, y para los más listillos tenemos que usar tácticas un poco más sofisticadas.

Hay dos formas principales de ocultar un arma de Chejov. La primera de ellas es intentando ocultar el valor del arma como recurso narrativo. Hay mil formas de hacer esto, pero os voy a poner un ejemplo bastante claro. En el capítulo 14×8 de Los Simpson, “The father who knew too little”, el arma de Chejov es un puntero láser que le regala Bart a Lisa en su cumpleaños (ella dice “lo llevaré siempre”). Ese mismo puntero lo utiliza para deslumbrar al detective que está apuntando a Homer con un arma.

¿Cómo nos oculta Matt Groenning este arma de Chejov? Utilizando el puntero de forma cómica en el momento de su aparición. Viendo la cantidad de humor que hay en Los Simpson, no nos extrañaría que esa fuera su única función. Así consigue que el arma pase desapercibida hasta el momento del uso, produce sorpresa (pues muchos habían descartado el puntero como algo anecdótico) y da una sensación de continuidad.

Entra el red herring. El red herring es como una subversión del arma de Chejov, y consiste en la introducción de algo cuyo único propósito es dirigir al lector hacia unas suposiciones incorrectas. Podríamos considerarlo como una falsa arma de Chejov, un señuelo para que los lectores piquen y no descubran por dónde va a venir el disparo. Un gran ejemplo que he encontrado está en la tercera novela de Harry Potter:

En el momento en que el libro introduce el concepto de los animagos (magos que se pueden transformar en animales a voluntad), puede parecer que el nuevo gato de Hermione, Crookshanks, es un animago disfrazado. Ron sospecha todo el rato del gato durante la mayoría del libro, porque el gato parece dedicado a matar a su rata Scabbers, y varios personajes notan que el gato es quizás demasiado inteligente para ser un gato común. El lector a estas alturas piensa que el gato es un arma de Chejov que será importante al final del libro. El gato es un red herring para ocultar que el verdadero animago (y arma de Chejov) es en verdad Scabbers.

Hay muchas variaciones de este recurso como forma de ocultar un arma de Chejov (entre ellas, por ejemplo, tenemos la profecía de la saga Mistborn, que es a la vez ambos recursos), pero la más común es la que se utiliza en las historias de asesinato. Tras presentar a los sospechosos (uno de los cuales es el asesino, podríamos considerarlo como una especie de arma de Chejov), vamos saltando de uno a otro. Todos los sospechosos que no sean el asesino cumplen el papel de red herring.

Hay también miles de formas de arma de Chejov, por supuesto. Puede ser una clase de historia que nuestro personaje haya ignorado, un regalo de un amigo… Ni siquiera tiene por qué ser un objeto. Un personaje puede ser perfectamente un arma de Chejov (por poner otro ejemplo muy conocido, Neville Longbottom de Harry Potter), al igual que puede serlo una habilidad (el “dar cera, pulir cera” de Karate Kid), una leyenda (si te cuentan una historia fantástica dentro de un libro fantástico, ten por seguro que lo que sea que hayan contado aparecerá), una promesa…

El arma de Chejov es muy valorada porque es un recurso que da muchísimo juego. Es la perdición de los Deus ex Machina (aunque un arma de Chejov mal usado tiene el mismo efecto), y a los lectores listillos nos encanta elucubrar sobre el uso de las distintas armas de Chejov que van encontrando nuestros protagonistas.

Así que aquí os entrego este pedazo de sabiduría narrativa. Cuando llegue el momento, sabrás qué hacer.

¡Espero que os haya gustado mucho este artículo! Si os he dejado con ganas de leer más de mi pluma, podéis ir a mi propio blog, Lecturonauta, donde Víctor ha escrito un artículo sobre el foreshadowing, algo que mucha gente tiende a confundir con el arma de Chejov.

PD: Hay una variante del arma de Chejov llamada Brick Joke. Sucede cuando hay un gran lapso de tiempo entre la introducción del elemento y su uso en la historia, hasta el punto de que algunos lectores han olvidado por completo su introducción.

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