Cómo utilizar la regla de tres para expresar un cambio en un personaje

Hoy voy a hablarte de un «truco» poco conocido entre los escritores, pero que da muy buenos resultados. Se llama la regla de tres.

Pero antes, una breve aclaración: Si llevas tiempo en mi lista de correo, quizá te suene este artículo, y eso es porque apareció originalmente allí hace como un año. Si quieres más artículos como este, puedes suscribirte en este enlace.

En fin, vamos allá.

Por alguna razón, el número tres siempre ha tenido un significado especial a lo largo de la historia de la humanidad. No tengo ni idea de por qué es así, pero puedo imaginarme por qué es tan importante en narrativa: Tres es el número mínimo de elementos necesarios para establecer un patrón.

No es la primera vez que se habla de esta técnica en la blogosfera hispana. Hace tiempo, Gabriella Campbell explicaba cómo aplicarla en las descripciones, en los diálogos y en el contexto. Jaume Vicent también habló de ella, especialmente en el caso del copywriting.

Hoy nos vamos a centrar en el patrón: «igual, igual, distinto».

Una historia es una sucesión de hechos, pero cuando hablamos de «trama» estamos yendo un paso más allá; la trama implica establecer una relación entre los hechos de una historia. Las unidades básicas de la estructura de cualquier trama son tres (presentación-nudo-desenlace). No de forma casual, también lo son de un conflicto (aparición del conflicto, desarrollo del conflicto hasta alcanzar el clímax, y consecuente resolución).

Estas tres unidades conectan a través de una relación de causa-consecuencia, y fueron establecidas de formalmente en el siglo IV a.C por Aristóteles en la Poética.

Si te fijas en el gráfico de arriba, te darás cuenta enseguida de que se producen dos cambios importantes a lo largo de una trama, ejemplificados a través de las dos flechas discontinuas. El primero de ellos es el «desencadenante», el evento que pone fin a la introducción y da comienzo al nudo; el segundo es el «clímax», y es el evento que conecta el nudo con el desenlace.

Sin embargo, sin pensamos en nuestro héroe o protagonista, veremos que solo experimenta un cambio importante. Este se desarrolla a lo largo de todo el nudo de la trama, pero sobre todo se pone de manifiesto durante el clímax y el desenlace.

En otras palabras, la estructura en tres actos desde el punto de vista del personaje principal corresponde al patrón «igual, igual, distinto».

Esta división en tres funciona a nivel de macroestructura narrativa, pero también a nivel de microestructura. Un ejemplo que me encanta es el guion del primer capítulo de Breaking Bad, y el análisis que hace del mismo Angela Jorgensen. Walter se ve envuelto dos veces en la misma situación y reacciona de la misma manera. De este modo se refuerza el carácter del personaje. Veámoslo:

En primer lugar, Walter está dando clase de química en el instituto y Chad, uno de sus alumnos, se enfrenta a él, humillándolo.

Más tarde, Walter está trabajando en el lavado de coches y Amir, su jefe, le obliga a salir fuera a pesar de que habían llegado al acuerdo de que solo trabajaría en la caja registradora. En el guion original del piloto el coche es de Chad, y este fotografía a Walter con su teléfono móvil mientras está lavando las ruedas de su coche (esta escena está en el guion pero fue cortada del montaje final o quizá no se llegó a grabar nunca).

Sin embargo, la tercera vez que se presenta el mismo escenario, Walter reacciona de forma distinta. El diagnóstico y su conversación con el médico han puesto en movimiento una serie de cambios que desencadenarán los acontecimientos que tendrán lugar a lo largo de la trama. El cáncer es el catalizador del viaje de Walter White. Por eso, cuando Amir le exige que salga otra vez a lavar coches, Walter se niega a humillarse de nuevo; estalla, le manda a la mierda y deja el trabajo.

En este punto del metraje todavía falta mucho para el final del capítulo (y muchísimo más para el final de la temporada y de la serie). Sin embargo, este pequeño incidente demuestra que Walter está iniciando su proceso de transformación y además es un gran ejemplo de anticipación de lo que ocurrirá más adelante.

Para concluir, ¿quieres saber por qué considero Breaking Bad una de las mejores series de televisión de la historia? Pues en parte porque está llena de pequeños detalles como este:

Este es un fragmento que forma parte de la explicación que da Walter en clase. ¿Te suena de algo? Está hablando de química, pero a un nivel más profundo también está hablando de cambio, de transformación.

En definitiva: de historias.

Para saber más

https://amyraby.com/2013/08/26/writing-technique-the-rule-of-three/

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3 comentarios

  1. Hola, Víctor.
    Creo que es muy cierto en que gran parte del interés que genera un personaje es asistir a su transformación y ver las decisiones que toma y en base a qué (lo cual define su personalidad, cómo ve la vida). Yo, mientras ideaba el argumento de mi novela, me di cuenta de que la gran apuesta eran los personajes. Una simple novela de aventuras puede adquirir mucho más peso gracias a sus protagonistas y secundarios, alguno mejor que los principales (lo siento, es orgullo de padre).
    Por cierto, ¿no te ha ocurrido nunca que, cuando alguien se entera de que escribes, suele dar por sentado que escribes sobre ti mismo? Yo, suelo contestarles: “No. Tengo imaginación”. Tendrías que verles la cara. En fin, que les den pomada.
    Perdón. A lo que iba 🙂
    La regla de tres que explicas en tu artículo es lo que da “chicha” al personaje. Pero como las novelas no pueden durar tanto como las temporadas de Breaking Bad (los editores, si pudieran, publicarían novelas de doce páginas), yo me he decantado por utilizar otros recursos menos lineales. For example, Mar, la protagonista, tiene una trifulca con su inmediato superior nada más empezar. De buenas a primeras, el lector podría suponer que Mar es una mujer aguerrida o combativa, con malas pulgas…, pero (y ahí entra mi recurso), a través de los diálogos con su amiga, que han asistido atónita a la discusión y no la reconoce, dejo ver que Mar es en realidad una persona tranquila y algo tímida. Queda claro en el texto (espero) que hemos asistido al momento en el que la gota colma el vaso, donde la mujer, harta de años de abusos y menosprecios, dice basta. Vamos, que Mar comienza la novela en “uno de esos días” que todos hemos tenido alguna vez. Me pareció interesante empezar justo en el momento en que decide dar un cambio radical a su vida. ¿Demasiado precipitado, tal vez? ¿Tú qué opinas?
    Interesante artículo (as always). Gracias y un abrazo.

    1. Sí, a mí también me hacen esa pregunta, sobre todo cuando escribo en primera persona. La gente no me conoce en absoluto 🙂
      Por otro lado, no todos los recursos de guion se pueden aplicar sin más a una obra literaria, porque hay que tener en cuenta las diferencias del formato y aprovechar los puntos fuertes de cada uno. Tu propuesta para expresar el cambio de un personaje en tu novela me parece muy bien, pues ese cambio supone el catalizador que precipita la trama, más que el arco del personaje. Adela abandona el mundo que conoce y se adentra en lo “desconocido” de una nueva vida, a través del cual sufrirá una transformación. Aunque no haya una estructura en 3 antes y empieces in media res, yo creo que puede funcionar sin problemas.

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