Mientras escribo, de Stephen King, o por qué no seguir todos los consejos literarios

 

Mientras escribo, consejos literarios de Stephen King

 

Uno de los primeros libros que leí sobre «el arte de escribir bien» fue Mientras escribo, de Stephen King. Supongo que como muchos de vosotros.

Tenía dieciséis años, me gustaba escribir (¿gustarme? ¡Quería ser escritor!), y me encantaban los libros de Stephen King. Lo devoré de una sentada, y desde entonces lo he vuelto a coger en un par de ocasiones. Ahora que estoy preparando un taller de narrativa de terror para Ateneo Literario (si te apetece, puedes apuntarte aquí), me he visto obligado a releerlo de nuevo como parte de los materiales que trataremos en el curso.

Lo considero un buen libro. No solo ofrece grandes consejos, también motiva a sentarse todos los días delante del teclado, que es todavía más importante. En muchos aspectos, Mientras escribo me ayudó a mejorar como narrador. Aprendí, entre otras cosas, que las rutinas son importantes, que no se puede abusar de los adverbios y que hay que evitar las construcciones pasivas.

Y también aprendí un montón de cosas que me perjudicaron mucho. Cosas que le funcionan a Stephen King y que a mí no.

 

Las segundas versiones deben ser siempre más cortas

 

El problema más grave que tuve con los consejos de escritura de Stephen King es algo que habréis leído un centenar de veces, y que King resumen en una sencilla frase con regusto matemático:

«La segunda versión es igual que la primera versión menos el diez por ciento.»

Básicamente, lo que quiere decir es que al escribir introducimos un montón de información superflua que no ayuda en nada a la trama. En ese momento debemos acallar la vocecita de editor que todos llevamos dentro y seguir adelante. Es más tarde, durante la revisión, cuando es necesario pulir el borrador y eliminar todo lo que sobre. Los segundos borradores de Stephen King, por lo que dice, tienen un diez por ciento menos de palabras que las primeras versiones.

En mi caso no. De hecho, para mí la segunda versión es la primera versión más un veinte por ciento. Por lo menos.

¿Por qué? Pues porque yo no soy Stephen King, y cuando escribo practico el laconismo, reduzco el lenguaje a la mínima expresión. No suelo darme a excesos de ningún tipo, no cuento la historia del vecino del quinto y analizo las minucias de las manchas de las paredes de la habitación de hotel.

Cuando reviso mi primer borrador, lo que he aprendido a hacer, después de muchísimos años de chocarme contra el mismo muro, es añadir palabras. Tengo que clarificar el contexto, añadir capas de lectura y de significado e introducir las metáforas y los símiles, que en mi caso pocas veces surgen de forma natural cuando estoy enfrascado en el proceso de escritura. Al final, casi siempre tengo que añadir capítulos enteros.

Todo esto lo aprendí escuchando a mis lectores cero, que a veces no comprendían dónde se encontraban mis personajes ni pillaban la idea de tal o cual relato, porque yo pensaba que se intuía en esa frase de cinco palabras, y no.

En definitiva, aprendí a revisar mis manuscritos entendiéndome a mí mismo y mi proceso de escritura.

 

Escribir es sentarse frente al teclado con una idea y tirar millas

 

Otro de los hábitos de Stephen King es escribir sin saber a dónde te va a llevar la historia. El novelista empieza con una idea general, y a partir de ahí la va desarrollando. Todos hemos leído mil entrevistas en las que los escritores dicen cosas como:

«Si tú no sabes cómo vas a acabar tu historia, los lectores también se sorprenderán cuando la lean.»

Muchos ya os habréis dado cuenta de que, por cómo describe su proceso creativo, Stephen King es un escritor de brújula. ¿Habéis oído alguna vez que existen escritores de brújula y escritores de mapa? Los primeros escriben sin un plan prefijado, sin una hoja de ruta. Los segundos hacen escaletas, hojas de personaje y muchas veces saben de antemano con exactitud lo que tienen que escribir en cada capítulo. Cuando se sientan frente al ordenador, ya conocen la mayor parte de la historia.

¿Qué método es mejor? Ninguno. Cada escritor y cada proyecto son distintos.

Para hacer honor a la verdad, hay que decir que Stephen King no defendía el uso de la brújula sobre el mapa. Solo venía a decir que él era «de brújula» y que todo eso de planificar no le gustaba. Pero oye, es Stephen King, pensaba yo. Si él dice que escribir una historia es como desenterrar un fósil y que hay que usar la brújula, entonces es porque es así. ¿Quién quiere usar un mapa?

Cuando empiezas a leer más, te das cuenta de que no tiene sentido seguir ciegamente los consejos de tal o cual escritor, por mucho que te pueda gustar. Por ejemplo, sobre la relativa independencia de los personajes (que también tiene mucho que ver con el rollo de la brújula y el mapa) os ofrezco dos testimonios opuestos de dos escritores que me gustan mucho:

 

“Yo diría que creo mis personajes para que vivan su propia vida. En realidad, no soy yo quien los creo a ellos sino que son ellos quienes me crean a mí. Lo que tengo claro cuando escribo, es que quiero que los personajes vivan al límite de sus pasiones y de sus emociones. Quiero que amen, o que odien, que hagan lo que tengan que hacer, pero que lo hagan apasionadamente. Es eso, esa pasión, lo que la gente recuerda para siempre en un personaje. Pero no tengo un plan preconcebido: quiero vivir las historias mientras las escribo. Le doy un ejemplo sobre cómo es mi relación con los personajes. Es algo que me pasó: el personaje principal de Fahrenheit —obligado a quemar libros— vino un día a mí y me dijo que no quería quemar más libros, que ya estaba harto. Yo no tenía opciones, así que le contesté: “Bueno, como quieras, deja de quemar libros y listo.

De modo que él no quemó más libros y así terminó escribiéndose esa novela.”

Ray Bradbury

 

“La leyenda de que los personajes pueden escaparse de las manos de su autor –irse a tomar drogas, someterse a operaciones sexuales y convertirse en presidentes- implica que el escritor es un tonto sin conocimiento o maestría sobre su propio trabajo. Es absurdo. Claro que cualquier ejercicio estimable de la imaginación se funda en lo complejo y lo rico de la memoria, de modo que puedes sacar provecho de saber expandirte – giros sorpresivos, respuesta a la oscuridad y a la claridad-, sobre todo en cuanto a lo vivo. Pero la idea de que un escritor corra desesperado detrás de sus cretinas invenciones me parece deleznable.”

John Cheever

 

¿A quién hacer caso? En mi experiencia, lo que debemos hacer es probar por nosotros mismos, descubrir lo que nos funciona y utilizarlo. Yo no sé si soy de brújula o de mapa (aunque creo que de mapa, y cada día más). Sin embargo, no sé si identificarme con uno de los dos grupos tiene algún sentido. Si escribo una novela policíaca  prepararé una escaleta. Si escribo una novela histórica, dejaré todos los capítulos atados desde el principio. En los relatos cortos, en cambio, prefiero dejarme llevar.

Probarlo todo es una gran idea, pero seguir haciendo algo solo porque lo dice alguien —por muchos libros que haya vendido—, es una estupidez.

 

Conclusiones

 

Todo esto también viene a cuento de unos debates muy interesantes que algunos escritores han mantenido a través de las redes sociales sobre la utilidad de los consejos de escritura. ¿Valen para algo? ¿Son una estupidez? ¿A escribir se aprende solo leyendo y escribiendo o hay algo más?

Hace unos meses ofrecía por el blog unos cuantos consejos para escribir un buen diálogo. Después, remataba la faena incluyendo un diálogo que me gustaba y que al mismo tiempo vulneraba varias de las ideas que se estaban defendiendo en el cuerpo del artículo.

Sin entrar de lleno en el debate (es evidente que yo estoy a favor de aprender técnicas literarias, y creo que a todo el mundo le facilitaría las cosas, aunque reconozco que no todos lo necesitan), considero que los consejos de escritura son muy útiles, y a la vez también son peligrosos.

Útiles porque el acto de escribir —de escribir bien, sobre todo— es una actividad que, como cualquier otra, es susceptible de ser estudiada. Los manuales de escritura te invitan a reflexionar sobre aspectos técnicos que, de lo contrario, habrías pasado por alto. También te ayudan a comprender por qué algunas cosas funcionan y otras no.

Y son peligrosos porque te puede pasar lo que me pasó a mí, que te confunda la autoridad de un autor al que admiras, como Stephen King, o que intentes seguir todo consejo que encuentras al pie de la letra, que creas que eso te va a hacer mejor escritor, y que consideres un ejemplo de mala praxis cada vez que te encuentres una de estas cosas en una novela.

Así que, en definitiva, creo que el mejor consejo literario que uno puede aprender es este: escucha a todo el mundo, prueba, y decide por ti mismo. Hazlo aunque eso implique llevarles la contraria a Ray Bradbury, a John Cheever y a Stephen King.

 

Fuente de la imagen: The Guardian.

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20 comentarios

  1. Hola, Víctor!
    Buen artículo, como siempre! Estos son unos grandes consejos, a mí me pasa como a ti, mi segundo borrador suele tener más carne que el original, siempre hay descripciones que se pueden afinar, palabras que ayudan a la comprensión (y que te has “comido” en la primera escritura)… En esto coincidimos, la primera escritura es muy delgada, luego hay que ir dándole cuerpo al tema.
    Yo soy de brújula, por más que me haga mil esquemas en la mente, a la hora de la verdad lo único que importa es escribir, sin más, sentarme y tirar millas. No puedo seguir esquemas o mapas mentales, para eso soy horrible, si hago caso a los mapas me canso, me aburro o termino lejos de donde debería estar.
    En fin, escribir tiene pocas reglas (sin contar con las gramaticales y ortográficas), es como lo de las puertas al campo… cada escritor, cada persona es un mundo.
    Un saludo, gran artículo!

    1. Muchas gracias, Jaume. Me alegro de que coincidamos en lo de los segundos borradores. Hay algunas ideas que están tan extendidas, que a veces te sientes raro por llevar la contraria.

      En cuanto a lo de la brújula y el mapa… El problema que tenía yo hace unos años era que dejaba los proyectos siempre a medias (algo muy común, pero que te tiene todo el día trabajando y sin nada que enseñar a finales de mes). Me podía el entusiasmo, o me metía en vericuetos argumentales de los que me resultaba imposible salir. En mi experiencia, planificación y persistencia van de la mano, y cuanto más planifico, más logro avanzar en mis proyectos y así consigo terminarlos. Mi punto de inflexión fue este verano, cuando alimenté a mi perro con 50.000 palabras de la novela en la que llevaba trabajando seis meses. Me dije: nunca más.

      Pero eso, como dices, cada escritor es un mundo. Ensayo y error, y así hasta el final.
      ¡Un abrazo!

  2. Interesante lo del borrador. Yo creo que en general ni tiendo siempre a sumar ni tiendo siempre a eliminar. Creo que cada párrafo es un mundo y habrá de hacerse una u otra operación (extirpar o añadir prótesis) en función del caso.

    ¡Un saludo!

    1. Hola Lucas. Pues sí, esto depende de la forma de escribir de cada uno. Mis segundas versiones son más largas, pero yo también descarto mucho texto, precisamente por hacer tantos cambios en la estructura de la novela. ¡Un saludo!

  3. Hola, Víctor
    Leí “Mientras escribo” hace bastante tiempo, no recuerdo cuánto, pero lo hice con la ventaja de que en mi adolescencia tuve un mentor que me había advertido la importancia de la experiencia propia del escritor.
    En mi blog lo he mencionado, creo que en varios artículos: Los consejos de escritor están compuestos de verdades “personales” (esas que le funcionan solo al escritor que da los consejos) y una pocas (a veces ninguna) “verdades literarias universales”, que son esas en las cuales todos coinciden.
    Mi padre era mecánico automotriz, y recuerdo que el decía que jamás había visto dos cajas de herramientas iguales. En lo básico, todas contenían destornilladores, llaves inglesas, martillos, llaves milimétricas, y esas cosas, pero variaban sus tamaños, o había más de unas que de otras, porque cada caja era el reflejo de la forma de trabajar de cada mecánico. Pero otra cosa muy diferente, decía mi padre, era saber cuál herramienta utilizar en cada reparación.
    La escritura, en ese sentido, no tiene ninguna diferencia con la mecánica, ni con ninguna profesión. Todas requieren el conocimiento de una técnica, en nuestro caso, las técnicas narrativas.
    Muy buen artículo. Impulsa un profunda reflexión. Un abrazo.

    1. Hola, Néstor. Esa distinción entre verdades personales y universales que comentas es la clave de todo el asunto. Aunque podría parecer evidente, en la práctica me encuentro con mucho consejo literario con ánimo de dogma por ahí, y no tengo claro de si esto es por ir al grano y no alargar demasiado los artículos, o porque realmente sus autores piensan que es la forma en la que deben de hacerse las cosas.

      Estoy de acuerdo contigo, la escritura no se diferencia de ninguna otra profesión. ¡Un abrazo!

  4. Hola Victor. Como me gusta tu nombre, es el nombre de mi marido y mi inspiración para todo lo que escribo (aunq gracias a Dios no llamo así a todos mis personajes masculinos). Me ha gustado mucho tu artículo y la conclusión final ante la que estoy totalmente de acuerdo. Yo soy de leer muchos consejos literarios, estudiar con ellos e intentar aplicarlos, y si, unas veces funciona y otras no. Pero creo que hay aspectos teoricos que son necesarios y te hacen la vida mas facil.
    Siempre he estado obsesionada con que para escribir una novela tenia que hacerme veinte resúmenes y fichas de personajes y eso me bloqueaba hasta que he dejado de hacerlo y un poco me dejo llevar. Tengo una idea general de lo que quiero contar cada día cuando me pongo a escribir, una idea global de hacia donde va la historia y cada subratrama, y lo demás va saliendo. Un placer leerte. Feliz año

    1. Hola, Judith. Muchas gracias por tu comentario. Como ves, a mí me pasaba lo mismo, pero al revés. La cosa es que hace falta mucho tiempo de práctica para llegar al punto en el que uno sabe lo que le funciona y lo que no. La única forma es seguir leyendo y seguir aprendiendo.
      Por cierto, a mí también me encanta mi nombre. No lo cambiaba por nada del mundo 🙂
      ¡Muchas gracias y feliz año!

  5. Buenísima entrada! A mí me angustiaba mucho ser una escritora mediocre y me lancé a leer todo tipo de blogs de gente que sabe más que yo y con más experiencia para averiguar qué métodos podían ayudarme a mejorar y a ser más eficaz. Baste decir que probé de todo y dices una verdad como un templo, cada uno tiene que encontrar su propio sistema. Yo también soy de las que necesita añadir cosas en el primer borrador, no quitar, y hoy por hoy estoy convencida de que lo único que sirve para mejorar es escribir, escribir y escribir.

    1. ¡Gracias, Paola! Pues sí, tienes razón. Los mejores consejos del mundo no valen de nada si no los ponemos en práctica. Y al final la cosa va de eso: escribir todos los días e intentar ir mejorando poco a poco.

  6. Un placer leerte, Victor, como siempre.
    Coincido plenamente. El libro de Stephen King también lo leí (dos veces, en diferentes ocasiones), como tantos otros, y me gusta leer y escuchar a los que saben, a los grandes escritores; acumulo, anoto, estudio, aprendo. Pero también coincido contigo, porque a la hora de fluir, veo que mis personajes también tienen vida propia, y como a Bradbury, muchas veces me sorprenden y luego al releer me quedo pasmada!
    “¿Quién escribió esto?”, y en definitiva, me gusta el resultado.
    Como todo en esta vida, decidir por uno mismo es clave para la sabiduría.
    Cada vida es un mundo, y cada escritor un reflejo de esa vida.
    Gracias por compartir. ¡Muy feliz año para todos!

    1. Hola, Poli. Muchas gracias a ti por tu comentario. El libro de Stephen King se presta mucho a las relecturas (de hecho, junto con “Zen, el arte de escribir” de Ray Bradbury, es mi libro sobre técnicas literarias favorito). Todo eso de crear personajes con vida propia, me pasa… a veces (Cheever era muy irreverente con sus opiniones). Uno quiere que hagan tal cosa o vayan a tal sitio y no se dejan, porque su personalidad ha evolucionado junto al proceso de escritura y ya no encaja con lo que debían hacer. Son un fastidio 🙂
      ¡Feliz año a ti también!

  7. Buenas 🙂

    La verdad es que “Mientras escribo” es un libro que me encanta, pero es como todo: al final lo que importa es conocerte como escritor. Algunos de los consejos y de las experiencias de las que habla King me resultaron muy útiles; sin embargo, otras cosas me he limitado a contemplarlas, mi proceso creativo no funciona igual.

    En cuanto al primer borrador, en mi caso sí que saco las tijeras… pero es que también añado datos, depende de lo que necesite la historia.

    Acostumbro a fluctuar entre el mapa y la brújula, para la mayor parte de mis novelas he seguido el primer método, eso sí, admito que solo es una guía, si la magia me lleva por otros caminos… ¿quién soy yo para oponerme? Con los relatos me gusta ir con brújula, lo considero un buen ejercicio para controlar a la musa (o al menos intentarlo) y explorar, abrir mi zona de confort literaria.

    He disfrutado mucho con el artículo. ¡Un abrazo!

    1. ¡Hola Ana! Me parece que funcionamos igual. Yo también hago uso de las tijeras con mis primeros borradores (sobre todo por mi manía de insistir tanto en usar la brújula), pero aun así los segundos borradores siempre me salen bastante más largos que los primeros.

      Creo que haces bien en ir variando entre mapa y brújula, me parece lo más inteligente. Mi problema durante mucho tiempo fue pensar que si planificaba la historia de antemano me iba a aburrir mucho escribiéndola, porque se convertiría en una tarea mecánica. Y para nada. Aparte de que la historia va cambiando a medida que la escribes (es la magia, como bien dices) hay mil detalles nuevos, indefinidos, sobre los que puedes descargar la creatividad. Bueno, al menos así es como pienso hoy. Veremos dentro de diez borradores…

      Me alegro de que hayas disfrutado con el artículo. ¡Un abrazo para ti también!

  8. Me pasa igual que a ti en cuanto a lo del laconismo. Voy a tope, más cuando entro en flujo, y por el camino me quedan las descripciones y los comentarios que frenan el ritmo alocado. Cuando reviso, escribo más. Eso sí, procuro quitar o fusionar las redundancias. Hay que economizar pero aportar más en el texto, sin que lo segundo se supedite a lo primero.

    1. Buenas, Rocío. Exacto, “economizar pero también aportar más” es una buena definición de lo que sería una primera revisión del manuscrito. Yo lo primero que intento hacer al escribir es fijar la historia, centrarme en la acción y en el diálogo. Luego, en la revisión, es cuando miro a mi alrededor y pienso: ¿qué otros elementos hay en la escena que puedan servir para potenciar o complementar la historia? Esto es lo que me pasa por norma general. No es algo meditado, sencillamente suele surgir así.
      Muchas gracias por tu comentario. Un saludo.

  9. Que tal.

    Me da gusto leer todo lo que hay en esta página, me siento como en casa. Desde hace tiempo he tenido, como dicen algunos, ese gusanillo de querer escribir, pero no me he animado aun como yo quisiera. Gracias a Stephen King, nació ese deseo de escribir relatos cortos de terror. Hace un año, aproximadamente, me leí diez novelas de él en un mes y medio. En algunas ocasiones tenia una necesidad de expandir más los finales o cambiarlos. Estaba tan sumergido en sus letras que en la noche, en mi cama, armaba un relato en mi mente. Buscaba ideas, lugares, hechos de mi vida diaria y pasada. Cuando me imaginaba el relato y sentía un repelús, sabía que ese sería el relato que escribiría. Le daba vueltas y vueltas en mi cabeza hasta que me levanté de la cama, tome lápiz, papel y lo plasmé en unas horas. Así fue como escribí mis primeros dos relatos. Siempre que los leo me sorprende de lo que escribí, me gusta mucho. Solo espero las próximas vacaciones para leer mucho y tratar de escribir algo que me vuelva a sorprender. Por último, tienes alguna entrada o algún plan de analizar el tema de cómo influyen los sentimientos en los escritos. Lo mencionó porque me parece interesante. Cuando escribí mi relatos estaba algo devastado por una chica. Lo que tal vez influyó en algo. Saludos y gracias por tu trabajo.

    1. Hola Adrián. Me alegro de que te sientas identificado. Stephen King ha sido un punto de partida para que muchos se hayan animado a juntar letras. “Mientras escribo” es uno de los manuales más inspiradores que existen para el escritor novel. Y qué curioso, hace tiempo yo también amplié el final de una saga porque no me había gustado cómo terminaba. Pensaba que era el único.
      No tengo ningún artículo sobre el tema que dices, pero me parece muy interesante, así que me lo apunto para más adelante. ¡Un abrazo y ánimo con la escritura!

  10. Como ti pienso que debemos utilizar solamente cosas que nos funcionan. Hacer proyectos, como te dije en mi otro comentario, no funciona para mi, como las fichas para los personajes. Entonces no hago.

    1. Exacto. No hay una sola verdad en la escritura. Ningún consejo es bueno por sí mismo, pero puede ser bueno para alguien, que no es igual. Si la planificación destruye tu interés por escribir la historia, entonces es contraproducente, porque el único objetivo de planificar es lograr terminar el primer manuscrito sin quedarse atascado. Si tú no te atascas o puedes resolver los “atascos” de un modo mejor ¡A por ello! Al fin y al cabo, planificar una historia conlleva invertir una cantidad de tiempo horrorosa, y ese es un tiempo que podrás dedicarle a escribir 😀
      ¡Un abrazo!

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