El método de escritura de Guillermo del Toro

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Como Guillermo del Toro, casi todos los escritores trabajamos con cuadernos. Algunos los utilizan como un instrumento rápido para registrar ideas cuando están fuera de casa. Otros los emplean para unificar toda la información recabada durante la labor de documentación. Incluso hay quien los usa para escribir la primera versión de sus manuscritos.

Hace tiempo, Gabriella Campbell publicó un artículo en el que recopilaba cuadernos, lápices y plumas de veinticinco escritores españoles. Allí decía que:

Casi todos escribimos ya a ordenador, pero conservamos herramientas más antiguas cerca, muy cerca, ya sea para planificar, tomar notas, organizarnos o simplemente darnos el placer ocasional de escribir a mano. Pensamos de forma diferente cuando escribimos a mano y cuando tecleamos, y el escritor suele sacarle partido a las ventajas de cada formato.

Lo cierto es que los cuadernos tienen algunas ventajas, pero al mismo tiempo son, con toda probabilidad, uno de los soportes más caóticos para almacenar información. Si lo piensas, ¿cuántas ideas languidecen hoy en esa media docena de cuadernos a medio terminar, ideas que apuntaste un día por si acaso y que nunca has vuelto a consultar? ¿Cuántas veces te ha resultado más sencillo volver a repetir la búsqueda en Google o abrir el libro original, antes que bucear entre un montón de notas ilegibles tratando de localizar el lugar donde apuntaste esa información?

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Con todo, soy un gran defensor de los cuadernos, y llevo años tratando de encontrar un sistema que funcione. He probado utilizando un cuaderno con diferentes apartados, un cuaderno para cada proyecto, y también uno de esos cuadernos en los que puedes reorganizar cada una de sus hojas a tu gusto. Cada una de estas posibilidades tiene sus ventajas y sus desventajas, pero la tendencia al caos es innegable.

Aun así, he llegado a encontrar ciertas cualidades en ese desorden que me resultan agradables, e incluso útiles. A pesar de que en casi todo lo que rodea a la escritura es conveniente ser ordenado, a menudo la creatividad también surge del caos. En este sentido, el método de trabajo de Guillermo del Toro me parece especialmente interesante.

Guillermo del Toro (El espinazo del diablo, Hellboy, El laberinto del fauno, etcétera) es famoso por la calidad y el mimo que le pone a sus cuadernos de ideas, hasta el punto de que se ha llegado a publicar un libro que tiene las anotaciones y las ilustraciones de los mismos como tema central:

Empecé con una grabadora. La llevaba en el bolsillo y en ella registraba todas las ideas que acudían a mi cabeza. Pero al final nunca transcribía esas reflexiones y perdí las cintas. Después intenté llevar el equivalente mexicano de la Moleskine, que era un cuaderno de espiral muy mal hecho, y al final las hojas se empezaron a caer.

Durante bastante tiempo, Guillermo del Toro utilizó un planificador diario. En él tomaba notas y realizaba sus bocetos; lo utilizaba, sobre todo, para comunicar sus ideas a los actores y a los diseñadores. Con el nacimiento de sus hijas, sin embargo, convirtió sus cuadernos en un proyecto en sí mismo. Le pareció divertido, y además era algo que podía legarles cuando muriera. Por tanto, la misma concepción de cada cuaderno se transformó en la elaboración de una obra artística con un sentido propio. El cineasta modificó su estilo de escritura y empezó a tratar sus cuadernos como un producto terminado que podría ser, en el futuro, visto y analizado por otros.

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Fuente

No creo que a nadie le resulte extraño, pues las notas privadas de muchos escritores suelen ser víctimas del escrutinio público y académico tras su muerte.

La parte negativa de este método de trabajo es la falta de libertad y la autocensura que lo acompañan. Los cuadernos de Guillermo del Toro no son tanto un soporte para la creatividad bruta, como un escaparate de ideas en diversos estados de desarrollo. Al fin y al cabo, no estamos hablando de un escritor, sino de un cineasta: el desarrollo de cualquier película involucra a cientos de personas, y los conceptos e ideas de sus cuadernos son privados, pero solo hasta cierto punto.

Lo curioso es comprobar cómo las ideas surgen del caos al que me refería antes. ¿Alguna vez habéis trabajado en varios proyectos a la vez, en diferentes estadios de desarrollo? Es muy posible que sí. Probablemente ya sabéis la novela que queréis escribir a continuación. Quizá seáis como yo, ¡y hasta sepáis qué cinco novelas queréis escribir después! Es inevitable que, cuando estamos trabajando en algo, se nos ocurran mil ideas para cosas que no están relacionadas. Nuestra mente funciona así.

Un escritor poco disciplinado se deja encandilar por esa sensación placentera que produce el juego creativo y a menudo abandona el proyecto entre manos para empezar el siguiente. Nunca logra terminar nada. Un escritor más profesional, en cambio, aprovechará esas ideas para dar forma poco a poco a nuevas historias, y las irá enriqueciendo hasta que llegue un punto en el que esté preparado para trabajar en ellas.

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Los cuadernos de Guillermo del Toro establecen un diálogo entre sus películas. Los diferentes proyectos se confunden entre sí, las pesadillas tentaculares y los vampiros migran de página, y también de historia. Los cuadernos no solo sirven como registros de ideas, sino que son herramientas creativas en sí mismas: “Es realmente importante tener talismanes en la vida. Todo el mundo tiene un par. En mi caso, son docenas. Tienes que imbuir de poder a las cosas que te rodean”.

A mí me gusta dibujar, pero no soy un escritor que necesite referencias visuales todo el rato. No tengo carpetas en Pinterest con la etiqueta “inspiración” (de hecho, como no uso Pinterest, ni siquiera sé si lo que acabo de decir tiene mucho sentido). Sin embargo, en uno de los proyectos en los que estoy trabajando ahora me he encontrado de pronto formando parte de un equipo de cuatro personas, junto a ilustradores y expertos en diseño digital. Como no estoy acostumbrado a trabajar con otras personas en este tipo de tareas creativas, decidí empezar a utilizar un PowerPoint para tomar notas y copiar en él algunas imágenes que ayudaran a transmitir mis ideas.

Al principio intenté ser muy organizado y utilizar una sola idea por diapositiva. Pero de pronto, y sin saber muy bien por qué, empecé a mezclarlas. Todas las ideas que quería introducir se entrelazaron entre sí. Y, como en los cuadernos de Guillermo del Toro, se estableció un diálogo, una comunicación entre las imágenes. Dejaron de ser elementos aislados; se combinaron, formando a grandes rasgos el universo de la historia que quería contar.

¿Y vosotros? ¿Utilizáis cuadernos para algo más que para tomar notas? ¿Los revisáis con frecuencia? ¿Os ayudáis de dibujos o de imágenes para poneros a escribir?

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18 comentarios

  1. Yo tengo ahora mismo 5 cuadernos llenos de ideas… Y el sábado empecé el sexto, así que te puedes imaginar… La verdad es que ahora mismo tengo bosquejadas 3 novelas —el viernes me hice el esquema de la última— y estoy trabajando en otra… Mi mayor problema suele ser el que comentas, me falta disciplina y salto de una idea a otra, a veces trabajo en dos cosas al mismo tiempo, cuando me asalta una idea para un relato que debo escribir —por suerte, suelo ser rápido y los escribo en un par de tardes—.
    Al final, ahora mismo tengo muchas novelas a medias, retazos de otras, escenas sueltas… Llevo un mes organizando este desastre, ahora mismo tengo más o menos un calendario de escritura y un proceso organizado. A ver si voy terminando todos esos proyectos que tengo comenzados!

    1. Creo que nos pasa a todos. Yo muchas veces tengo que obligarme a no detener la escritura de un manuscrito para ponerme con un relato corto que, hoy por hoy, es con lo que más disfruto. A veces hay que parar y tratar de reorganizarse. Yo tengo muy claro todo lo que quiero hacer de aquí a que acabe el año, pero cada par de meses, más o menos, vuelvo a mirar la lista y casi siempre acabo reevaluando mis objetivos.

  2. Hola, Jaume!
    Qué interesante tu entrada. Sobre todo, porque me encanta saber que hay escritores (o artistas, en general) que utilizan su bolígrafo para plasmar ideas o esbozar borradores, como “en los viejos tiempos”, cuando la tecnología no estaba en casa.
    No sabría decirte con exactitud la cantidad de cuadernos que tengo escritos (deben ser alrededor de 15) solamente con “brainstorming” de lo que mi mente liberea todos los días al amanecer. De allí han salido grandes ideas, y esas ideas las he plasmado en poemas, relatos, reflexiones e incluso en el primer borrador de una novela. Este primer borrador, largo por cierto, ya lleva 6 cuadernos grandes. Jamás uso el ordenador para escribir mis ideas o para crear. Para mí, el ordenador es la etapa de “pasar en limpio” lo que ya he creado, y a partir de allí corregir las veces necesarias (¡y que siempre me parecen pocas!). Yo soy muy indisciplinada con el manejo del tiempo, pero no con mis papeles y mis escritos. No sé ni cómo lo logro, pero jamás pierdo algo que escribo, así sea una nota pequeña en un papel suelto. Sé de qué es cada cuaderno, divido capítulos con marcas especiales, conozco el material de “escritura libre” o de “proyectos”. Pero siempre en papel. Y al menos hasta hoy, es como mejor me resulta. Supongo que tiene que ver con esto de que el cerebro funciona diferente, pues jamás logro fluir tan suelta y liviana en un teclado como con mi boli sobre un papel.
    Y lo que tu llamas “desastre”, yo lo envidio, jaja. Soy de la que empieza con algo y hasta que no termina no queda en paz. Por lo tanto no podría comenzar a escribir otra novela hasta que no termine la actual. Sí mezclo mi tiempo con cuentos, relatos cortos, poemas y cambio de géneros, pero ojalá pudiera hacer tanto a la vez, en cuestión de creatividad. Ya ves… cada uno “con su libro bajo el brazo” ;-).

    Una vez más, un placer leerte y aprender siempre.
    Gran saludo,
    Poli.

    1. ¡Buenas, Poli! Soy Víctor, no Jaume 🙂
      La envidia es mutua, entonces. Yo sí he perdido textos, apuntes y vete saber qué más. Por otro lado, no me falta perseverancia, pero llegado a un punto dejo de ver las bondades de lo que estoy escribiendo y acabo llegando a la conclusión de que no merece la pena. El último borrador me obligué a terminarlo (con primera revisión incluida), aunque solo fuera para meterlo en un cajón. Y ahí está, en el cajón…
      Tengo pendiente un artículo sobre las ventajas de escribir a mano. Llevo bastante tiempo haciéndolo; no con todo lo que escribo, pero sí con algunos proyectos concretos. Y es distinto, a veces mejor. Obliga a reducir las revisiones al mínimo y a concentrarse en lo que uno está haciendo.
      ¡Muchas gracias por tu comentario!

  3. Me ha interesado mucho esto que cuentas, Jaume. Me lleva a preguntarme cuánto de dirigido hay en lo que escribimos y cuánto de azaroso, de eso que busca contarse “casi a pesar de uno mismo”. Como lo que dices de que, si lo dejas, algo termina por imponerse, te toma como mero transcriptor y entonces te parece que es justo lo que querías contar. Muchas veces he tenido algo en mi cabeza y cuando empiezo su desarrollo, la historia se me retuerce y se las apaña para ir por otros derroteros. Lo mejor es que acaba teniendo más sentido que mi idea original.
    Enhorabuena por tu blog.
    ¡Saludos!

    1. ¡Hola, Marian! Soy Víctor. Jaume, ¿qué diablos has hecho para tomar el control de mi entrada? XD
      Las ideas son rebeldes. Hay escritores que intentan domesticarlas antes de ponerse a trabajar, y otros directamente saltan encima y se dejan llevar. Ambas opciones tienen sus cosas buenas y sus cosas malas, como todo. Como decía arriba, el caos favorece la creatividad, pero no hay que olvidar que, en el fondo, una novela tiene mucho de arquitectura. El arte es evidente y está ahí, pero la historia también debe ser funcional, y para eso se requiere un armazón y unos cimientos fuertes para que la estructura no se desmorone.
      Hay quienes consiguen que todo se sostenga simplemente dejándose llevar. Yo los envidio, pero he descubierto que prefiero planificar, aunque luego siempre deje espacio para la improvisación.
      Me alegro de que disfrutes con mi blog. ¡Un abrazo, y encantado de verte por aquí!

    1. ¡Hola, Laura! Me encantan las pizarras. Siempre he querido una enorme al lado de mi escritorio, pero por desgracia nunca he tenido suficiente espacio.

  4. Hola Jaume,
    (Sé qué eres Víctor xD ¿por qué todo el mundo se confunde?)
    Me ha parecido muy interesante la entrada. A mí también me gustan mucho los cuadernos, aunque he perdido ya varios y me ha dado una rabia infinita. A ver si algún día consigo acabar alguno sin que haya una lista de la compra por medio…
    Podrías hacer una serie de entradas con los métodos para organizarse las libretas. ¡A mí me vendrían bien!
    Pues eso, que una pasada. Un abrazo 😀

    1. Si yo pierdo ahora uno de mis cuadernos, sin duda puedo decirle adiós a algún proyecto de novela que tenga a medias y a un puñado de relatos. El propio Guillermo del Toro se olvidó uno de los suyos en el asiento de un Taxi de Londres. Por fortuna, el taxista logró localizarlo y devolvérselo esa misma noche. De no haber sido así, igual alguna de sus películas habría sido completamente distinta…
      Es curioso lo de la organización de las libretas. Todavía tengo pendiente una entrada sobre el tema, dentro de los artículos que tenía programados para hablar de la documentación. Todo llegará.
      Un abrazo y muchas gracias por comentar.

  5. Hola Victor, he llegado a tu blog por casualidad, buscando el conocimiento para poder continuar con mis escritos. Quería felicitarte por compartir tu sabiduria. Me está mostrando la luz en muchos puntos oscuros.
    Bueno, queria dejar aquí mi humilde experiencia.
    Creo que yo nunca he tenido cuadernos tan alucinantes como los que mencionáis. Quizás porque no soy profesional, solo aspirante a “cuentacuentos” o porque estoy muy relacionada con los ordenadores por cuestiones de trabajo. En mi caso ordeno la información que necesito en carpetas, con apuntes y cientos y cientos de imágenes. He llegado a tener cosas e ideas escritas a mano, pero usando medios digitales. Estoy consumida por la tecnología, jajaja.
    Creo que soy muy caótica a la hora de plantear mis relatos o novelas. Me dejo llevar por la fuerza de las ideas, por las posibilidades, la creatividad. He intentado seguir algunas líneas básicas para planear mis escritos, pero me siento muy limitada y me aburro. Es como si la aventura de descubrir hacia donde puede ir la historia y como los personajes pueden sorprenderte desapareciera.
    Quizás esta forma de hacerla las cosas tiene que ver con mi profesión, soy dibujante y creo que mi cerebro funciona un poco mal.

    1. Buenas, María. No te preocupes, que en esto de la escritura no hay una forma “correcta” de hacer las cosas. Los cuadernos son una comodidad para tomar notas fuera de tu entorno de trabajo. Hay escritores que, como yo, a veces los utilizan para desarrollar o elaborar sus ideas, o incluso para escribir sus manuscritos. Otros, sin embargo, no utilizan cuadernos. Usan el móvil, una grabadora…

      En mi caso, solo guardo una cantidad pequeña de información en los cuadernos. La mayoría de la información que utilizo la tengo en el ordenador, organizada por carpetas, porque el formato digital tiene muchas ventajas sobre el analógico.

      El caos en el proceso de escritura (el de verdad, no el creativo del que hablo en el artículo) sí que parece uno de los problemas a los que la mayoría tenemos que enfrentarnos. Hay que tratar de entender que una novela o un relato sin terminar no es nada; una mala novela con un final sigue siendo una novela, aunque luego la guardemos en un cajón. No me parece una lección fácil, y yo todavía la estoy aprendiendo, con mucho esfuerzo.

      Si tu forma de trabajar no acaba de funcionar, te animo a que pruebes organizándote a corto plazo antes de empezar a escribir. Es decir, en vez de escribir una sinopsis completa de una novela, piensa en las escenas que vas a escribir a lo largo de una semana, a ver que pasa. Yo pensaba igual que tú, y he descubierto que estaba equivocado. A lo mejor no es tu caso, pero por probar no se pierde nada 😉

      ¡Un saludo!

  6. Gracias por la respuesta, Víctor.
    Entiendo lo que quieres decir y voy a intentar aplicar tu consejo de planear las cosas a corto plazo, ir poco a poco y con un plan, jajaja. Me estoy obligando a mí misma a no saltar de una historia a otra y centrarme en un solo proyecto. Es difícil, pero creo que cuando consiga acabar lo que estoy escribiendo me sentiré mejor conmigo misma.
    Nos leemos por la red 😀
    Gracias de nuevo.

  7. Me ha encantado el articulo. Son temas que me apasionan. Yo creo que hay muchos mas escritores que escriben a mano (los primeros borradores), de lo que pudiera parecer. A raíz de una entrada en mi blog, me puse a investigar y me quede sorprendida de cuantos escritores conocidos escriben a mano. Creo que me costaría hacer una lista de 20 escritores conocidos, pero tengo para hacer varias. Sospecho que es incluso posible que el numero haya incluso aumentado con la sustitución de las maquinas de escribir por los ordenadores. Hay muchas razones para elegir escribir el primer borrador a mano en vez de en el ordenador.
    Estoy muy de acuerdo con todo lo que dices, y con lo que cuenta Guillermo del Toro. Lo que me sorprende es que después de este análisis sigas pensando que ‘… en casi todo lo que rodea a la escritura es conveniente ser ordenado’. Yo creo que aspirar a un cierto orden esta bien, mientras no se consiga. Del todo. Pieso en lo que dice Anne Lamott cuando defiende los primeros borradores de mierda. Que no nos podemos olvidar que la creatividad surge del caos. También pienso que la creatividad surge en gran parte (si no sobre todo) de las asociaciones. Y solo ver esos cuadernos de del Toro te los puedes imaginar relacionando cosas que no las pondrías juntas en la cabeza cuando lo planificas.

    1. Escribir a mano tiene su aquel. A veces me gusta cambiar de un proyecto a otro, y salto del ordenador al cuaderno. Lo que peor llevo es pasar después a limpio todo lo que escribo, XD.
      Cuando digo “ordenado”, me refiero a que hay un momento para cada cosa. El principio de una nueva novela es una locura, algo caótico, y creo que así es como debe ser. Pero antes de empezar a escribir en serio es necesario poner orden para no perdernos en el camino. En fin, es lo de siempre: brújula y mapa, ingenieros o arquitectos. Hay a quien le funciona tirar palabras y decidir las cosas sobre la marcha. Yo pensaba que era de esos, y ahora me estoy dando cuenta de que esa era la razón por la que nunca terminaba nada. Gracias a que ahora planifico estoy consiguiendo ser más productivo.

  8. Hola Jaume… jaja, no quería desentonar. Va de nuevo:
    Hola Víctor, hola a todos. Me gustó mucho la entrada, gracias por tomarte el tiempo.
    A mí me pasa y hago lo que la mayoría comenta, diría que son gajes del oficio. Quería más bien compartir lo que he leído sobre el tema, pues ya hay muchos estudios sobre la cantidad y la calidad de la información que retenemos cuando leemos y escribimos en plataformas digitales vs. el papel . Para no alargar la cosa: cuando escribe en papel, el cerebro guarda la información mucho más tiempo. Cuando uno lee en papel, pasa igual. Pero sobre todo, el cerebro *accede* a esa información más fácilmente. Está justo ahí, como chasquear los dedos. Tiene que ver con varias cosas, parece. Crianza, porque a uno el papel se le hace algo “real” y “emotivo”, y todavía no hay estudios de gente total y absolutamente nativa de los medios digitales (¡ni que Dios lo quiera!) como para comparar. Y también tiene que ver con que, al parecer, el cerebro recuerda más la información que tiene un lugar físico en el espacio; en el libro, por ej. Uno dice ¿y quién era Estanislao? y sabe que lo presentaron unas 10 páginas atrás en la parte izquierda del libro. Y lo busca. El que el medio donde escribimos/leemos tenga peso, volumen y cuerpo en el espacio parece que hace que conservemos mejor la información.
    Y ya para irme, sé que ahora hay una línea de Moleskine que trae stickers digitales de Evernote, cuestión que uno puede digitalizar rápidamente lo que tiene en su libretica. No sé bien cómo es la cosa, pero quizá alguien acá los ha probado y nos puede contar…
    ¡Lindo día, linda escritura!

    1. Buenas, Angélica. Yo también he leído algo sobre la relación entre la memoria y los dispositivos digitales y físicos. A mí me parece una buena práctica alternar entre unos y otros, tanto para la lectura como para la escritura. En el caso de la lectura, la experiencia de leer un libro físico y otro digital difiere un poco, o al menos me da esa impresión. En el caso de la escritura, sin embargo, las diferencias son mucho más notables. Cuando paso del ordenador a la libreta (y me refiero a una libreta en la que escribir capítulos completos, no ideas o frases sueltas), siempre me cuesta un par de días coger un ritmo de trabajo decente. Mi cerebro funciona de maneras diferentes en cada caso, y eso se nota un poco en el resultado final.
      Me estoy dando cuenta de que el tema es muy interesante. Igual escribo un artículo sobre esto…
      ¡Muchas gracias por tu comentario!

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